viernes, 6 de septiembre de 2013

IV/cap I

CUARTA PARTE
CRISOL 

CAPITULO I
LIMA
ROBERT RAMSAY STURROCK



Al sonido de los disparos de cañón, y el desbande de gran parte de la multitud de refugiados de la casa Gibbs, habían puesto los ánimos de punta entre los miembros del grupo de Robert, más aún al ver la gran cantidad de maletas y bultos tirados por la calle, la mujer de Rey, chillaba histéricamente pidiendo un coche.

Cuando ya perdían la esperanza de dar con los demás, Dambury, apareció providencialmente en una esquina agitando su sombrero – Ramsay, acá, por Dios pensé que los habíamos perdido – al encontrarse los hombres, Dambury les puso al corriente de las malas noticias – Hay una multitud que no deja pasar, debemos tomar otro camino – La advertencia fue providencial para el grupo, pues les evitó mezclarse con la turba que comenzaba a inundar las calles; los otros refugiados, acobardados por la visión de la muchedumbre que gritaba y se movía en todas direcciones habían quedado estáticos frente a la visión.

Ried, tuvo una inspiración repentina entonces y comenzó a gritar y agitar los brazos sobre un banco de la calle, de modo que ayudado por Robert y Dambury, pudieron encauzar a los suyos hacía una callejuela lateral.

Pronto, al trote y casi arrastrando a las mujeres y niños lograron dar con una vía que les condujo directamente hasta el puente peatonal que les permitiría cruzar el río Rimac, y alcanzar por fin la añorada estación de ferrocarril, la visión del puente les dio nuevas fuerzas a los hombres, no así a las damas, cuyos gritos histéricos se multiplicaban, ya no solo eran los quejidos de la mujer de Rey pidiendo un coche, sino que también los de decenas más.

Al volver atrás la mirada Reid súbitamente pensó en lo peligroso de la situación, una muchedumbre desorientada puede  transformarse rápidamente en una masa de alborotadores, de modo que señaló a sus compañeros –No hay quien ponga orden en la ciudad – Dambury movió la cabeza con pesadumbre al tiempo que se secaba la frente con su pañuelo – La Guardia Civil también fue enviada al frente, me dicen que anteayer fueron destrozados, y que la mayor parte están muertos – Pero entonces ¿Quien guarda el orden de la ciudad? – Me temo amigo que los únicos relativamente organizados son los bomberos, pero muchos también están en las trincheras? – El Alcalde debiera acuartelarlos – Lo sé, pero circulan rumores de que los chilenos están fusilando a los Bomberos que intentan apagar los incendios –

En los precisos momentos en que el numeroso grupo comenzaba a cruzar el puente, se escuchó por primera vez fuerte y claro el tronar de los cañones del cerro San Cristóbal, y todos quedaron petrificados, acaso los chilenos atacaban la ciudad por ese sector, en esta ocasión fue Robert el primero en reaccionar – Debemos seguir adelante, ese fue solo un cañonazo, el fuerte del cerro tiene más de un cañón, si hubiese un ataque, habría más fuego – Reid se encargó de apoyarle – De seguro ha sido una señal, debemos apresurarnos –



Increíblemente todos los refugiados de Gibbs & Co. y la familia Rey lograron llegar a la estación, sin embargo, ni una décima parte del equipaje que llevaban al salir de sus refugios logró llegar, un grupo de guardias les impidió el paso durante unos instantes, pero solo el tiempo necesario, para que un par de funcionarios chequearan su condición de extranjeros y refugiados, de modo que pronto se encontraron amontonados en el andén esperando la llegada del convoy, que debería ponerles a salvo en la añorada Ancón.