CUARTA PARTE
CRISOL
CAPITULO I
LIMA
ROBERT RAMSAY STURROCK
Al sonido de los disparos de cañón, y el desbande de
gran parte de la multitud de refugiados de la casa Gibbs, habían puesto los
ánimos de punta entre los miembros del grupo de Robert, más aún al ver la gran
cantidad de maletas y bultos tirados por la calle, la mujer de Rey, chillaba
histéricamente pidiendo un coche.
Cuando ya perdían la esperanza de dar con los demás,
Dambury, apareció providencialmente en una esquina agitando su sombrero –
Ramsay, acá, por Dios pensé que los habíamos perdido – al encontrarse los
hombres, Dambury les puso al corriente de las malas noticias – Hay una multitud
que no deja pasar, debemos tomar otro camino – La advertencia fue providencial
para el grupo, pues les evitó mezclarse con la turba que comenzaba a inundar
las calles; los otros refugiados, acobardados por la visión de la muchedumbre
que gritaba y se movía en todas direcciones habían quedado estáticos frente a
la visión.
Ried, tuvo una inspiración repentina entonces y
comenzó a gritar y agitar los brazos sobre un banco de la calle, de modo que
ayudado por Robert y Dambury, pudieron encauzar a los suyos hacía una
callejuela lateral.
Pronto, al trote y casi arrastrando a las mujeres y
niños lograron dar con una vía que les condujo directamente hasta el puente
peatonal que les permitiría cruzar el río Rimac, y alcanzar por fin la añorada estación
de ferrocarril, la visión del puente les dio nuevas fuerzas a los hombres, no
así a las damas, cuyos gritos histéricos se multiplicaban, ya no solo eran los
quejidos de la mujer de Rey pidiendo un coche, sino que también los de decenas
más.
Al volver atrás la mirada Reid súbitamente pensó en
lo peligroso de la situación, una muchedumbre desorientada puede transformarse rápidamente en una masa de
alborotadores, de modo que señaló a sus compañeros –No hay quien ponga orden en
la ciudad – Dambury movió la cabeza con pesadumbre al tiempo que se secaba la
frente con su pañuelo – La Guardia Civil también fue enviada al frente, me dicen
que anteayer fueron destrozados, y que la mayor parte están muertos – Pero
entonces ¿Quien guarda el orden de la ciudad? – Me temo amigo que los únicos
relativamente organizados son los bomberos, pero muchos también están en las
trincheras? – El Alcalde debiera acuartelarlos – Lo sé, pero circulan rumores
de que los chilenos están fusilando a los Bomberos que intentan apagar los
incendios –
En los precisos momentos en que el numeroso grupo
comenzaba a cruzar el puente, se escuchó por primera vez fuerte y claro el
tronar de los cañones del cerro San Cristóbal, y todos quedaron petrificados,
acaso los chilenos atacaban la ciudad por ese sector, en esta ocasión fue
Robert el primero en reaccionar – Debemos seguir adelante, ese fue solo un
cañonazo, el fuerte del cerro tiene más de un cañón, si hubiese un ataque,
habría más fuego – Reid se encargó de apoyarle – De seguro ha sido una señal,
debemos apresurarnos –
Increíblemente todos los refugiados de Gibbs &
Co. y la familia Rey lograron llegar a la estación, sin embargo, ni una décima
parte del equipaje que llevaban al salir de sus refugios logró llegar, un grupo
de guardias les impidió el paso durante unos instantes, pero solo el tiempo
necesario, para que un par de funcionarios chequearan su condición de
extranjeros y refugiados, de modo que pronto se encontraron amontonados en el
andén esperando la llegada del convoy, que debería ponerles a salvo en la
añorada Ancón.
