CAPITULO
VIII
REGIMIENTO "ACONCAGUA"
EN
MARCHA HACIA EL FRENTE
Mientras
la tropa mandada por el Capitán Nordenflytch permanecía parapetada
en el frente, observando ansiosamente al enemigo, el resto del
Regimiento, mucho más relajado marchaba indiferente a lo riesgoza de
la situación.
Si
bien es cierto el Comando de la Brigada le había ordenado ponerse en
movimiento, también los comandantes de cuerpo estaban informados
sobre la tregua; de esta forma, lo que preocupaba en ese momento al
Comandante del Regimiento Teniente Coronel Rafael Díaz Muñoz era lo
avanzado de la hora y que su cuerpo no había comido todavia, y es
que los proveedores no habían estado muy efecientes durante la
campaña, de hecho por momentos se habían escuchado criticas incluso
dentro del cuerpo de oficiales.
Tras
cruzar Barranco, el Sargento que hacía las veces de ordenanza del
comandante le llamó la atención sobre una hermosa casa quinta a la
izquierda del camino, Díaz la observó atentamente y sobre la marcha
ordenó a uno de sus oficiales adelantarse hasta ellugar para ver si
habíam provisiones, el comisionado no tardó este en regresar – Mi
comandante hay una gran fuente con agua limpia y también muchas
verduras y árboles frutales – Díaz no lo pensó mucho y al llegar
frente a la finca ordenó el alto, la columna se detuvo, y se ordenó
reunión de oficiales, en ella el comandante ordenó que por
compañías la tropa tomaralo más rapidamente posible lo que
necesitara – Hagámoslo en orden y rapidamente para que alcance
para todos, sólo cinco minutos por compañía nada más, adelante,
adelante – de esta forma, mientras el regimiento permanecía
formado junto a la vía férrea la primera compañía del primer
batallón, entraba al predio, rápidamente los soldados se
amontonaron en el estanque a llenar sus caramayolas con agua, el
ambiente se relajó, y pronto comenzaron las bromas, pronto el huerto
fue victima de los soldados, quienes con rapidez asombrosa comenzaron
a sacar frutas y verduras con avidez, afuera, el Capitán Ricci daba
instrucciones a su compañía – sólo tres minutos para la compañía
muchachos, así que hagamoslo rápido y en orden –
El
Subteniente Justo Abel Rosales, de la tercera compañía del primer
batallón, no sentía de momento necesidad de agua, en la mañana
poco antes de ponerse en marcha había mezclado en su caramayola,
veinte centavos de aguardiente que había comprado a un soldado de su
compañía, y es que, desde el inicio de la campaña, y en especial
tras la batalla de Chorrillos existía un verdadero mercado en el
ejército, en el se transaban todo tipo de bienes, principalmente
obtenidos del pillaje, independiente de los grados jerarquicos nadie
parecía sentír muchos remordimientos, y quienes no estaban de
acuerdo, hacían vista gorda, de forma que todos se lo tomaban con
pragmatismo y como una suerte de compensación a los sufrimientos de
la campaña; muchos eran los que habían adquirido “un recuerdo”
durante la campaña, siendo especialmente apreciados los relojes,
Rosales no pudo contener una sonrisa al ver salir a varios hombres,
ya no solo con frutas o verduras, sino con los fusiles adornados con
hermosas flores de todos los colores, la segunda compañía entró
entonces, Rosales en un discreto murmullo le dijo a su compañero más
cercano – Ya nos tocara el turno a nosotros – Me impancienta
prepararme pal carnaval – Respondió el Teniente aludido con una
gran sonrisa.
La
detención del Regimiento, no había pasado desapercibida a los
hombres en la casa italiana, el Coronel Pedro Lagos había llegado
hacía apenas unos minutos, dirigiéndose rapidamente a uno de los
miradores, tras contemplar el paso de un escuadrón de Caballería,
el Comandante de la División cayó en cuenta que el Regimiento no se
movía desde hacía rato, tras contemplar unos segundos la escena
preguntó al Comandante Gorostiaga – ¿Qué diablos hace detenido
el “Aconcagua”? – El aludido apuntó su anteojo de inmediato,
al sector pero tardo unos segundos en responder, cuando comprendió
lo que pasaba señaló secamente – Se están “aprovisionando”
mí Coronel – Lagos lanzó una gruesa maldición que aludía a la
madre del comandante del Regimiento, de modo que casi sin esperar la
orden un ayudante bajo a la carrera hasta la puerta y salió al
galope.
Algunos
“Aconcaguas” que volvían cantando a las filas debieron dar paso
al jinete enviado por Lagos, ya para entonces la Cuarta compañía
del Primer Batallón estaba en el interior de la finca, el oficial se
apersonó ante el Comandante, cuadrándose sin desmontar ante Díaz
Muñoz se limitó a señalar – Por orden directa del Coronel Pedro
Lagos, el Regimiento “Aconcagua” debe terminar con su detención,
y continuar inmediatamente la marcha al frente, sin más demora –
Poniendo un gesto incrédulo el Comandante Díaz tomó repentinamente
conciencia de que talvez la tregua no era tan firme; el Sargento
Mayor Briones ordenó entonces a los comandantes de compañía que
por orden superior no se tomara más agua, al pasar frente a la
tercera compañía del primer batallón gritó – Más adelante hay
agua fresca en abundancia muchachos, ahora debemos marchar –
En
medio de la alegria de los hombres, en los momentos en que la cuarta
compañía formaba para reiniciar la marcha, el Comandante Díaz
palideció aún más, el mismisimo General Baquedano, seguido por su
Estado Mayor, pasaba al galope corto hacía el frente, el General
saludó a la tropa con un gesto, y los soldados rapidamente le
abrieron paso, el comandante Díaz saludo militarmente al jefe del
Ejército, este no podía olvidar la mala experiencia que había
significado la única visita que el General Baquedano había
realizado al Regimiento mientras estaba acantonado en Tacna, en
aquella ocasión el General en Jefe también había aparecido por
sorpresa en el cuartel que ocupaba el Regimiento, en aquella ocasión
salió reprendido un tambor que en su nerviosismo ante la presencia
del Comandante en Jefe, no paró de tocar redoble, hasta que un
ayudante del General, por orden de este le ordenó parar el a esas
alturas molesto redoble.
Tras
haber perdido unos veinte o treinta minutos, y ante el desaliento del
segundo Batallón, que no alcanzaron a aprivisionarse, las filas se
recompusieron, y a paso acompasado volvieron a ponerse en marcha.





