viernes, 29 de marzo de 2013

Capitulo VIII


CAPITULO VIII


REGIMIENTO "ACONCAGUA"

EN MARCHA HACIA EL FRENTE


Mientras la tropa mandada por el Capitán Nordenflytch permanecía parapetada en el frente, observando ansiosamente al enemigo, el resto del Regimiento, mucho más relajado marchaba indiferente a lo riesgoza de la situación.

Si bien es cierto el Comando de la Brigada le había ordenado ponerse en movimiento, también los comandantes de cuerpo estaban informados sobre la tregua; de esta forma, lo que preocupaba en ese momento al Comandante del Regimiento Teniente Coronel Rafael Díaz Muñoz era lo avanzado de la hora y que su cuerpo no había comido todavia, y es que los proveedores no habían estado muy efecientes durante la campaña, de hecho por momentos se habían escuchado criticas incluso dentro del cuerpo de oficiales.

Tras cruzar Barranco, el Sargento que hacía las veces de ordenanza del comandante le llamó la atención sobre una hermosa casa quinta a la izquierda del camino, Díaz la observó atentamente y sobre la marcha ordenó a uno de sus oficiales adelantarse hasta ellugar para ver si habíam provisiones, el comisionado no tardó este en regresar – Mi comandante hay una gran fuente con agua limpia y también muchas verduras y árboles frutales – Díaz no lo pensó mucho y al llegar frente a la finca ordenó el alto, la columna se detuvo, y se ordenó reunión de oficiales, en ella el comandante ordenó que por compañías la tropa tomaralo más rapidamente posible lo que necesitara – Hagámoslo en orden y rapidamente para que alcance para todos, sólo cinco minutos por compañía nada más, adelante, adelante – de esta forma, mientras el regimiento permanecía formado junto a la vía férrea la primera compañía del primer batallón, entraba al predio, rápidamente los soldados se amontonaron en el estanque a llenar sus caramayolas con agua, el ambiente se relajó, y pronto comenzaron las bromas, pronto el huerto fue victima de los soldados, quienes con rapidez asombrosa comenzaron a sacar frutas y verduras con avidez, afuera, el Capitán Ricci daba instrucciones a su compañía – sólo tres minutos para la compañía muchachos, así que hagamoslo rápido y en orden –

El Subteniente Justo Abel Rosales, de la tercera compañía del primer batallón, no sentía de momento necesidad de agua, en la mañana poco antes de ponerse en marcha había mezclado en su caramayola, veinte centavos de aguardiente que había comprado a un soldado de su compañía, y es que, desde el inicio de la campaña, y en especial tras la batalla de Chorrillos existía un verdadero mercado en el ejército, en el se transaban todo tipo de bienes, principalmente obtenidos del pillaje, independiente de los grados jerarquicos nadie parecía sentír muchos remordimientos, y quienes no estaban de acuerdo, hacían vista gorda, de forma que todos se lo tomaban con pragmatismo y como una suerte de compensación a los sufrimientos de la campaña; muchos eran los que habían adquirido “un recuerdo” durante la campaña, siendo especialmente apreciados los relojes, Rosales no pudo contener una sonrisa al ver salir a varios hombres, ya no solo con frutas o verduras, sino con los fusiles adornados con hermosas flores de todos los colores, la segunda compañía entró entonces, Rosales en un discreto murmullo le dijo a su compañero más cercano – Ya nos tocara el turno a nosotros – Me impancienta prepararme pal carnaval – Respondió el Teniente aludido con una gran sonrisa.

La detención del Regimiento, no había pasado desapercibida a los hombres en la casa italiana, el Coronel Pedro Lagos había llegado hacía apenas unos minutos, dirigiéndose rapidamente a uno de los miradores, tras contemplar el paso de un escuadrón de Caballería, el Comandante de la División cayó en cuenta que el Regimiento no se movía desde hacía rato, tras contemplar unos segundos la escena preguntó al Comandante Gorostiaga – ¿Qué diablos hace detenido el “Aconcagua”? – El aludido apuntó su anteojo de inmediato, al sector pero tardo unos segundos en responder, cuando comprendió lo que pasaba señaló secamente – Se están “aprovisionando” mí Coronel – Lagos lanzó una gruesa maldición que aludía a la madre del comandante del Regimiento, de modo que casi sin esperar la orden un ayudante bajo a la carrera hasta la puerta y salió al galope.

Algunos “Aconcaguas” que volvían cantando a las filas debieron dar paso al jinete enviado por Lagos, ya para entonces la Cuarta compañía del Primer Batallón estaba en el interior de la finca, el oficial se apersonó ante el Comandante, cuadrándose sin desmontar ante Díaz Muñoz se limitó a señalar – Por orden directa del Coronel Pedro Lagos, el Regimiento “Aconcagua” debe terminar con su detención, y continuar inmediatamente la marcha al frente, sin más demora – Poniendo un gesto incrédulo el Comandante Díaz tomó repentinamente conciencia de que talvez la tregua no era tan firme; el Sargento Mayor Briones ordenó entonces a los comandantes de compañía que por orden superior no se tomara más agua, al pasar frente a la tercera compañía del primer batallón gritó – Más adelante hay agua fresca en abundancia muchachos, ahora debemos marchar –

En medio de la alegria de los hombres, en los momentos en que la cuarta compañía formaba para reiniciar la marcha, el Comandante Díaz palideció aún más, el mismisimo General Baquedano, seguido por su Estado Mayor, pasaba al galope corto hacía el frente, el General saludó a la tropa con un gesto, y los soldados rapidamente le abrieron paso, el comandante Díaz saludo militarmente al jefe del Ejército, este no podía olvidar la mala experiencia que había significado la única visita que el General Baquedano había realizado al Regimiento mientras estaba acantonado en Tacna, en aquella ocasión el General en Jefe también había aparecido por sorpresa en el cuartel que ocupaba el Regimiento, en aquella ocasión salió reprendido un tambor que en su nerviosismo ante la presencia del Comandante en Jefe, no paró de tocar redoble, hasta que un ayudante del General, por orden de este le ordenó parar el a esas alturas molesto redoble.

Tras haber perdido unos veinte o treinta minutos, y ante el desaliento del segundo Batallón, que no alcanzaron a aprivisionarse, las filas se recompusieron, y a paso acompasado volvieron a ponerse en marcha.

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