sábado, 27 de julio de 2013

Capítulo VI

CAPITULO VI

CORONEL ANDRÉS CÁCERES

COMANDANTE DEL I CUERPO DE EJÉRCITO

EN LOS ALREDEDORES DE LA ESTACIÓN FERROVIARIA DE MIRAFLORES



Al comenzar el intercambio de fuego, el Coronel Andrés Cáceres había de inmediato hecho montara su Cuartel General y a su Estado Mayor, habiendo recorrido rápidamente el sector comprendido entre el Oceano Pacifico y el Reducto N° 2.

De esta forma, a diferencia de la mayor parte de los jefes peruanos, casi de inmediato pudo hacerse un panorama más o menos claro de la situación, los chilenos si bien mantenían un fuerte fuego sobre las posiciones peruanas, no se habían lanzado al asalto de la línea, las tropas se mantenían en general con buen ánimo, y contrariamente a los vaticinios más pesimistas no habían corrido desbandados a la primera descarga, por otro lado el enemigo, no mostraba seguir un plan de asalto coordinado, en esos momentos sentenció lacónicamente, mientras prendia un cigarro, señalando a la línea enemiga – Vacilan –

Tras expulsar el humo de sus pulmones, casi de inmediato comenzó a hablar en voz alta, dejándose llevar por una súbita inspiración – Aún tenemos una oportunidad, no mantienen fuego a lo largo de toda nuestra línea, parecen concentrar sus fuegos solo hasta el Reducto N° 2, si lanzamos en este momento un asalto coordinado es posible que los desalojemos, quien sabe, talvez podríamos hacerlos retroceder hasta Chorrillos, y en el peor de los casos, si se recuperan, podemos recibir refuerzos de las tropas que no se han visto envueltas en la batalla, en el peor de los casos si nos mantenemos hasta la noche, un empate equivale a una victoria – El Jefe de Estado Mayor señaló – Pero no tenemos jurisdicción sobre todas las tropas de nuestro sector – Cáceres lo fulminó con la mirada – Prefiero que de momento la reserva en sus reductos nos proporcione unas base de fuego, que apoyen el ataque, pero en realidad creo que las tropas frescas llegadas del Callao servirán de punta de lanza para el asalto – 

Haciendo un gesto a uno de sus ayudantes ordenó que tomara nota – “Al Coronel Suarez, informo a SS que pasaremos a la ofensiva, ello con el fin de que tome las medidas que considere adecuadas, recomendando a SS haga lo mismo en su sector. Cáceres” Envíe también un propio al General Silva, para que coordine el asalto – Rápidamente dos ayudantes partieron al galope, dejando a su Jefe de Estado Mayor preparando las órdenes al galope se dirigió con un grupo de ayudantes en busca de las tropas llegadas del Callao.

Desde su posición en la chacra de Armendariz, las seis compañías que formaban el Batallón “Guarnición de Marina” desplegadas en batalla mantenían el fuego contra el enemigo, a una decena de metros más atrás menores en número, formado solo por tres Compañías, el Batallón “Guardia Chalaca” esperaban expectantes órdenes para entrar en batalla.

Paseando por entre las líneas de su Batallón, dirigiendo de vez en cuando alguna frase a algún soldado y con notorio gesto indiferente a la batalla, como sí simplemente preparara a sus tropas para un desfile, el Capitán de Navío Juan Fanning, animaba a sus hombres, si bien es cierto que el Batallón era relativamente nuevo, creado a principios del año anterior, los hombres que lo componían en su mayoría eran veteranos, en efecto una parte del contingente estaba formado por los soldados de disuelta Columna “Constitución”, que hasta hacía muy poco cubría las guarniciones de los buques de la Marina, otra parte importante del personal correspondía a un grupo de veteranos ex prisioneros del ejército que habían sido repatriados, tras ser canjeados con los chilenos.

Hasta el momento se habían producido muy pocas bajas entre la tropa, y entre los oficiales solo había sido alcanzado el Teniente Federico Valega, pero este se había negado a ser retirado del campo de batalla, consintiendo apenas ser vendado de emergencia por el Doctor Rotalde, para retornar a la batalla.


La llegada del Coronel Cáceres fue advertida casi de imediato por el Sargento Mayor Ugarte, que comandaba la Primera Compañía quien apresuradamente le salió al encuentro, y le indicó donde se hallaba el Comandante Fanning, al encontrarse ambos hombres intercambiaron saludos protocolares – Veo Capitán, que sus muchachos se mantienen bien – Podemos resistir sin problemas hasta que se enfríe el infierno – Se siente usted con fuerzas para lanzarse adelante y desalojar el enemigo – Mí tropa puede rechazar al enemigo pero ¿Contaremos con apoyo para sostenernos? – Enviaré con ustedes al “Guardia Chalaca”, y también lanzaré adelante a mí Cuerpo de Ejército, le he pedido al Coronel Suarez que haga lo mismo con el suyo – ¿En cuanto tiempo nos lanzamos adelante? – Tomese cinco minutos a contar de ahora, y recuerde que la suerte de Lima y del Callao depende de lo que hagamos hoy – Tras saludarse marcialmente, ambos hombres se separaron, no volverían a verse nunca más.