CAPITULO
VI
CORONEL
ANDRÉS CÁCERES
COMANDANTE
DEL I CUERPO DE EJÉRCITO
EN
LOS ALREDEDORES DE LA ESTACIÓN FERROVIARIA DE MIRAFLORES
Al
comenzar el intercambio de fuego, el Coronel Andrés
Cáceres había de inmediato hecho montara su Cuartel General y a su
Estado Mayor, habiendo recorrido rápidamente el sector comprendido
entre el Oceano Pacifico y el Reducto N° 2.
De
esta forma, a diferencia de la mayor parte de los jefes peruanos,
casi de inmediato pudo hacerse un panorama más o menos claro de la
situación, los chilenos si bien mantenían un fuerte fuego sobre las
posiciones peruanas, no se habían lanzado al asalto de la línea,
las tropas se mantenían en general con buen ánimo, y contrariamente
a los vaticinios más pesimistas no habían corrido desbandados a la
primera descarga, por otro lado el enemigo, no mostraba seguir un
plan de asalto coordinado, en esos momentos sentenció lacónicamente,
mientras prendia un cigarro, señalando a la línea enemiga –
Vacilan –
Tras
expulsar el humo de sus pulmones, casi de inmediato comenzó a hablar
en voz alta, dejándose llevar por una súbita inspiración – Aún
tenemos una oportunidad, no mantienen fuego a lo largo de toda
nuestra línea, parecen concentrar sus fuegos solo hasta el Reducto
N° 2, si lanzamos en este momento un asalto coordinado es posible
que los desalojemos, quien sabe, talvez podríamos hacerlos
retroceder hasta Chorrillos, y en el peor de los casos, si se
recuperan, podemos recibir refuerzos de las tropas que no se han
visto envueltas en la batalla, en el peor de los casos si nos
mantenemos hasta la noche, un empate equivale a una victoria – El
Jefe de Estado Mayor señaló – Pero no tenemos jurisdicción sobre
todas las tropas de nuestro sector – Cáceres lo fulminó con la
mirada – Prefiero que de momento la reserva en sus reductos nos
proporcione unas base de fuego, que apoyen el ataque, pero en
realidad creo que las tropas frescas llegadas del Callao servirán de
punta de lanza para el asalto –
Haciendo
un gesto a uno de sus ayudantes ordenó que tomara nota – “Al
Coronel Suarez, informo a SS que pasaremos a la ofensiva, ello con el
fin de que tome las medidas que considere adecuadas, recomendando a
SS haga lo mismo en su sector. Cáceres” Envíe también un propio
al General Silva, para que coordine el asalto – Rápidamente dos
ayudantes partieron al galope, dejando a su Jefe de Estado Mayor
preparando las órdenes al galope se dirigió con un grupo de
ayudantes en busca de las tropas llegadas del Callao.
Desde
su posición en la chacra de Armendariz, las seis compañías que
formaban el Batallón “Guarnición de Marina” desplegadas en
batalla mantenían el fuego contra el enemigo, a una decena de
metros más atrás menores en número, formado solo por tres
Compañías, el Batallón “Guardia Chalaca” esperaban expectantes
órdenes para entrar en batalla.
Paseando
por entre las líneas de su Batallón, dirigiendo de vez en cuando
alguna frase a algún soldado y con notorio gesto indiferente a la
batalla, como sí simplemente preparara a sus tropas para un desfile,
el Capitán de Navío Juan Fanning, animaba a sus hombres, si bien es
cierto que el Batallón era relativamente nuevo, creado a principios
del año anterior, los hombres que lo componían en su mayoría eran
veteranos, en efecto una parte del contingente estaba formado por los
soldados de disuelta Columna “Constitución”, que hasta hacía
muy poco cubría las guarniciones de los buques de la Marina, otra
parte importante del personal correspondía a un grupo de veteranos
ex prisioneros del ejército que habían sido repatriados, tras ser
canjeados con los chilenos.
Hasta
el momento se habían producido muy pocas bajas entre la tropa, y
entre los oficiales solo había sido alcanzado el Teniente Federico
Valega, pero este se había negado a ser retirado del campo de
batalla, consintiendo apenas ser vendado de emergencia por el Doctor
Rotalde, para retornar a la batalla.
La
llegada del Coronel Cáceres fue advertida casi de imediato por el
Sargento Mayor Ugarte, que comandaba la Primera Compañía quien
apresuradamente le salió al encuentro, y le indicó donde se hallaba
el Comandante Fanning, al encontrarse ambos hombres intercambiaron
saludos protocolares – Veo Capitán, que sus muchachos se mantienen
bien – Podemos resistir sin problemas hasta que se enfríe el
infierno – Se siente usted con fuerzas para lanzarse adelante y
desalojar el enemigo – Mí tropa puede rechazar al enemigo pero
¿Contaremos con apoyo para sostenernos? – Enviaré con ustedes al
“Guardia Chalaca”, y también lanzaré adelante a mí Cuerpo de
Ejército, le he pedido al Coronel Suarez que haga lo mismo con el
suyo – ¿En cuanto tiempo nos lanzamos adelante? – Tomese cinco
minutos a contar de ahora, y recuerde que la suerte de Lima y del
Callao depende de lo que hagamos hoy – Tras saludarse marcialmente,
ambos hombres se separaron, no volverían a verse nunca más.

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