sábado, 3 de agosto de 2013

CAPITULO VII

CAPÍTULO VII
ROBERT RAMSAY
LIMA


El estruendo de la batalla, semejante a una tormenta, que por momentos parecía arrecia, hicieron que Robert Ramsay recordara las palabras de un Flag officer del Almirante Stirling, con el que había hablado menos de una hora antes – El Almirante me ha confidenciado que las negociaciones para garantizar la propiedad de los neutrales en Lima han fracasado, le recomiendo que vaya a casa empaque lo que pueda y salga cuanto antes de la ciudad – Pero ¿Existe un lugar seguro donde ir? – Marche a Ancón, el Almirante ha decidido desembarcar los Royal Marines de la Shannon, se hacen gestiones para que personal del Ferrocarril Inglés, pueda operar un convoy especial a ese punto, son casi 30 millas de viaje, si fracasa el tren viaje como pueda, Ancón será el único lugar seguro en los próximos días.

Nervioso, Robert se había dirigido hasta su residencia dispuesto a salir cuanto antes hacía Ancón, mientras realizaba la marcha lamentó profundamente el reclutamiento de los encargados del transporte público de la ciudad, por un instante a medida que se había internado por las calles deseo correr, sin embargo, su orgullo le impidió hacerlo, por el contrario se limitó simplemente a caminar al ritmo de un hombre apurado, a su paso notó que la gente comenzaba a encerrarse en sus casas, cerrándose las ventanas y poniendo pesadas trancas en las puertas ya en la casa Ried, y él comenzaron a trazar los planes para marcharse cuanto antes de la ciudad, por sobre todas las cosas, tenían claro que era su deber proteger a las mujeres y niños – Tenga usted por seguro que si bien es cierto Rey ni los hombres de la Reserva no son los Granaderos Reales, tendrán la conciencia cierta de que nada podrá defender a sus familias si ellos no resisten el máximo de tiempo posible – De acuerdo, pero por sobre todas las cosas debemos llegar a la estación de Abajo del Puente,y confiar con que el ferrocarril haga el viaje – La señora de la casa apareció frente a los hombres ofreciéndoles hacerles servir una taza de té, los hombres correctamente rechazaron el ofrecimiento – La mujer de Rey pareciera no pensar en que el enemigo está en las puertas de su ciudad – Reid asintió al tiempo que encendía un cigarrillo – Repentinamente detuvo su acción dirigiéndose a la ventana, la abrió, con un gesto evitó que Robert le preguntara algo, luego dio una chupada a su cigarro – Escuche usted, son disparos – Robert asintió, al tiempo que simplemente se limitó a señalar – Debemos pedir a las damas que preparen a los niños, aunque debamos marchar a pie, debemos llegar a Ancón sea como sea – Dicho esto, se limitaron a hacer llamar la gente al salón, mientras esperaban a las damas y niños, el vecino Danburry entró apresuradamente a la casa, se le veía algo agitado, más no acobardado, cuando hubo retomado un poco el aliento les señaló – Logramos que el Tren de Ancón haga un viaje especial, saldrá en unos momentos, debemos llegar rápidamente a la estación, o saldrán sin nosotros, los refugiados de la casa Gibbs ya han comenzado a moverse a la estación, pero yo no podía partir sin avisarles – Reid y Robert agradecieron sinceramente el noble acto de Danburry, mientras se movían, Robert, tomó su escobilla de dientes del baño, unos pañuelos limpios y un abrigo gris.


En la calle pudieron ver, a los refugiados que había asilado la casa Gibbs & Co. marchando apresuradamente rumbo al Rimac – Por Dios, Danburry, ¿Cuanta gente habían tomado bajo su protección? – El aludido se secó la frente con un pañuelo, y sin pararse respondió – Pues, 175 personas, en su mayoría mujeres y niños – Pronto el grupo de Robert y Reid, se unieron a la columna, la señora de Rey, reclamaba por que no habían conseguido un coche para marchar cómodamente  Robert atribuyó el comentario a los nervios, o bien la señora abría olvidado que los hombres y animales estaban ahora en el frente de batalla, el sonido de los cañones se sintió claramente antes de que hubiesen avanzado una cuadra, algunas mujeres sollozaban en silencio, otras con grandes alaridos clamaban a Dios.

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