CAPITULO XI
FRENTE DE BATALLA ZONA ORIENTAL
FRENTE DE BATALLA ZONA ORIENTAL
SOLDADO JOSÉ TORRES LARA
SUBTENIENTE JUSTO ABEL ROSALES
II CUERPO DEL CORONEL SUAREZ
I BRIGADA DE LA 3ª DIVISIÓN
El asalto peruano ya se realizaba en
toda regla por parte del I Cuerpo de Ejército al oeste de la línea de
ferrocarril, el entusiasmo de los hombres había rápidamente contagiado a las
tropas del II Cuerpo del Coronel Suarez, un grupo de soldados del
Batallón “Concepción” permanecían apoyados contra la muralla que les servía de
parapeto, fieles a la consigna de disparar más lentos, se asomaban sobre el
muro y disparaban por turnos, un soldado apareció repentinamente junto a ellos
casi sin aliento – El Batallón de Marina ataca a la bayoneta – De inmediato el
resto lo atosigó pidiendo detalles – Los he visto, yo mismo…. estaba en el
Reducto Nº 2 y los vi salir clarito, y no solo ellos sino que casi todos los
del otro lado de la línea – Un Sargento se apresuró a decir – Caballeros, un
cigarrillo – los hombres volvieron a apoyarse en la tapia al tiempo que se
repartían los cigarros – ¿Que pasará ahorita? – Preguntó un serrano – Pues hay
que esperar la orden y atacar – El Capitán Sotillo apareció junto a ellos, a
pesar de comandar otra compañía, era tenido por uno de los oficiales más
caracterizados del Batallón – Prepararse muchachos – luego siguió de largo
avisando a otros grupos. Los hombres apresuraron los cigarros, ya dos habían
apagado sus colillas, cuando repentinamente el morral de municiones del
Sargento estalló, todos saltaron en medio de la mayor confusión, un tiro
chileno había golpeado el morral del Sargento pasando justo por medio de una de
las pequeñas troneras del muro haciendo estallar tres o cuatro tiros,
milagrosamente ninguno de los hombres salió herido, pero el susto que se
llevaron fue colosal.
El Subteniente Rosales, había tomado
el mando de cerca de una quincena de hombres del Aconcagua y del Naval, los que
se habían adelantado a la línea de murallas que protegía a las líneas chilenas,
el fuego de aquella tropa también se había reducido “para ahorrar municiones”,
el Sargento que mandaba a los Navales se había sentado junto al Subteniente y
ambos también compartían un cigarrillo al tiempo que observaban el fuego de sus
hombres; el soldado del Puerto comentaba a Rosales, que hasta hacía muy poco
era hijo de un auxiliar del Tribunal Civil del puerto, a lo que Rosales,
sorprendido le contó que él era oficial de Secretaría de la Corte de
Apelaciones de Santiago, de modo que la conversación había derivado en un reconocimiento
mutuo de personajes y situaciones judiciales, hasta que una bala había
alcanzado en el codo al Sargento, este maldijo a viva voz al Perú, a los
peruanos, a Lima, al Pisco, y a todo lo que sonara a Perú.
Sin esperar órdenes, el Comandante
del Batallón “Zepita” ordenó a su Batallón lanzarse al asalto, el
ruido de los clarines que ordenaban a dicha fuerza pasará a la ofensiva, fue
escuchado por una parte del Batallón “Concepción”, de modo que antes de darse
cuenta, los hombres del Batallón del Coronel Valladares, saltaban de sus
parapetos y comenzaban a cargar contra el enemigo.
La compañía del Capitán Sotillo, al
completo había saltado tras su comandante, cuando este ordenó a la carga, el oficial
no había dudado, alentando a sus hombres ordenaba – ¡Adelante muchachos! No
malgasten tiros – los soldados avanzaban sin preocuparse conservar filas,
disparando a cuanto chileno creían ver en medio de feroces gritos de –
¡Viva el Perú! ¡Viva el Perú! –
En el lado chileno, imperaba la
confusión, la Brigada de Urriola estaba siendo machacada por el fuego incesante
de los Batallones peruanos lanzados al asalto, y comenzaban a perder terreno, el
Naval se mantenía firme, pero el desorden del Aconcagua era preocupante, la
artillería de campaña del Coronel Velásquez retrocedía, de modo que el apoyo
quedaba restringido a la Brigada de artillería de montaña de la División,
muchos dispersos de los distintos cuerpos comenzaban a abandonar la línea,
huyendo hacía retaguardia, el Comandante Gorostiaga, observaba preocupado los
acontecimientos al tiempo que masticaba silenciosamente un palo cigarro sin
encender; solo el grito de uno de sus ayudantes le hizo recuperar algo de
confianza, la Reserva del Coronel Martínez avanzaba desplegada aún a pesar de
la terrible confusión de chinos y mujeres que huían a la desbandada –
La tropa del “Aconcagua” y del
“Naval” que mandaba el Subteniente Rosales se encontraba en una espantosa
situación, de modo que el oficial intentaba buscar un punto hacía el cual
retirarse, mirando hacia atrás se dio cuenta de una arboleda a unos cien metros
hacía su derecha, solo debían llegar a ese punto; el Sargento del Naval vendado
le llamó la atención – Debemos irnos mi Subteniente – Rosales tragó saliva –Escuchen
todos, a mi orden daremos dos descargas, la primera los Navales y la segunda
los del Aconcagua, luego nos retiraremos a la carrera a esos árboles – Rosales
miró al enemigo estaban a unos doscientos metros de su posición, los soldados
les observaban en la mayor tensión – Bien Sargento, buena suerte, nos vemos en
los árboles – El Sargento asintió con la cabeza, los hombres esperaron – Fuego – Pero no todos
los soldados corrieron hacia atrás, varios salieron hacía adelante.
El soldado Torres se había
juntado a los hombres del Capitán Sotillo, hacía unos instantes se había
percatado de que el grueso de su compañía no había saltado el parapeto, de modo
que ante la disyuntiva había decidido continuar siguiendo a un buen oficial; el
Capitán marchaba solo armado de la espada, pero la fortuna aquel día había decidido
que el oficial no había pagado aún con suficiente sangre la gloria, repentinamente
alcanzado en la cara, quedó tendido al sol, dos de sus hombres lograron llegar
a él, y sacarlo en de la línea de fuego, en una frazada, de modo que en el
momento crítico, las tropas del Concepción quedaron sin su oficial más veterano
y caracterizado.
Pero no todos los chilenos corrieron
hacía los árboles como se les había ordenado, un pequeño grupo de cuatro o
cinco de ellos salió al frente de su refugio dispuestos al sacrificio máximo para
posibilitar la salvación de sus compañeros; sin embargo, fueron prontamente
liquidados, por la fuerza peruana que avanzaba, pronto los hombres del “Concepción
quedaron dueños de la posición, y desde allí comenzaron a seguir con su fuego a
los enemigos que huían, en ese momento fue cuando en realidad se sintió la
falta de un oficial enérgico como el caído Capitán Sotillo, pues en dicho lugar el avance
se detuvo, más cuando repentinamente uno de los chilenos muertos revivió y
disparó ultimando a un soldado, este no tuvo tiempo de recargar su arma, rápidamente
fue ultimado a balazos, Torres observó como uno de sus compañeros, comenzó a
registrar al cadáver, y pronto lo descalzó de sus botas amarillas, y allí mismo
bajo fuego, se cambio sus destrozados zapatos por el calzado del chileno en
medio de la risa de todos los que contemplaban la escena, quienes recordaban la
promesa del soldado de “cazar a un mapocho para quitarle las botas”.
El Subteniente Rosales llegó a los
árboles, sin aliento, pero ninguno de sus compañeros se detuvo en el lugar, de
modo que, tras recobrar un poco el aliento, en solitario se dirigió hacía
retaguardia buscando unirse a cualquier grupo que encontrara.
La oportunidad perdida por los hombres
del “Concepción”, que no siguieron empeñándose a fondo en explotar su éxito, no
fue desaprovechada por los chilenos, repentinamente desde un muro a la derecha
de la posición recién conquistada por los peruanos apareció un grueso pelotón
de soldados chilenos, era casi toda una compañía, la Reserva chilena entraba de lleno en la lid.

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