CAPÍTULO IX
LINEA DE BATALLA PERUANA
CAPITAN DE NAVÍO JUAN FANNING
El Capitán Fanning observó una vez más a
su tropa – No hay dudas es el mejor cuerpo del Ejército – Se dijo lleno de
orgullo.
Los hombres permanecían agazapados junto a la pared dispuestos a
lanzarse adelante apenas recibieran la orden, solo algunos pocos disparaban de
vez en cuando sobre el enemigo que envalentonándose había comenzado a desplegar
al frente de sus líneas a sus compañías guerrilleras
– Equivalen al menos a uno o dos batallones – Se dijo Fanning confiado en lo que sus hombres pudieran hacer; con estudiada calma contempló su reloj casi con fastidio, faltaban aún algunos segundos, había decidido que como buen marino no era un buen jinete, de modo que había decidido encabezar el asalto como un infante, al ver a su jefe desmontar un soldado no pudo contenerse al hablarle a un compañero – Linda estatua sería un marino a caballo – el otro soldado sonrió de vuelta, un Sargento los fulminó a ambos con la mirada – Silencio en la fila – los hombres apretaron sus fusiles y callaron.
– Equivalen al menos a uno o dos batallones – Se dijo Fanning confiado en lo que sus hombres pudieran hacer; con estudiada calma contempló su reloj casi con fastidio, faltaban aún algunos segundos, había decidido que como buen marino no era un buen jinete, de modo que había decidido encabezar el asalto como un infante, al ver a su jefe desmontar un soldado no pudo contenerse al hablarle a un compañero – Linda estatua sería un marino a caballo – el otro soldado sonrió de vuelta, un Sargento los fulminó a ambos con la mirada – Silencio en la fila – los hombres apretaron sus fusiles y callaron.
Fanning casi como si se tratara de un vulgar ejercicio,
o si fuera a encabezar un desfile, desenvainó su espada, el Corneta de Ordenes
escupió y rápidamente se llevó el instrumento a la boca, se produjo un silencio
solemne –Ya está hecho, de aquí solamente nos espera la gloria – Pensó al
tiempo que apuntaba hacia adelante, quinientos pares de ojos atentos a su
comandante le vieron avanzar, y por fin el clarín con su sonido les alentaba a
salir hacia delante, casi como un rugido se escuchó un sonoro – ¡Viva el Perú!
– Y rápidamente los hombres salieron de sus refugios, haciendo un fuego
devastador a las fuerzas enemigas.
Más atrás mirando con su anteojo de campaña
el Coronel Cáceres observaba la maniobra de los soldados del Callao junto con
sus ayudantes estos en un silencio religioso entendían que en esos momentos estaban
contemplando uno de esos momentos solemnes de la historia, el veterano Coronel
solo se limitó a exclamar un seco – Magnifico –
En el flanco del “Guarnición de
Marina” un poco retrasado con respecto a la puntualidad de sus compañeros, el
otro Batallón del Callao también comenzaba a avanzar; notoriamente el fuego en
la línea peruana comenzó a incrementarse, y a lo largo de la línea, a medida
que los Batallones del reconstituido I Cuerpo estaban listos también comenzaban
a salir de sus atrincheramientos en medio de entusiastas ¡vivas al Perú!.

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