lunes, 4 de marzo de 2013

Capitulo III


CAPITULO III

MAÑANA DEL 15 DE ENERO DE 1881

BARRANCO

PUESTO DE OBSERVACIÓN DE LA III DIVISIÓN



La elegante casita de dos pisos, perteneciente a un italiano, había sobrevivido al incendio provocado por orden del Coronel Pedro Lagos, quien había ordenado este proceder por temor a una dispersión de una parte de su tropa para dedicarse al saqueo de las ricas viviendas del lugar; aparte de las naturales comodidades que proveía un techo y muebles  desde el punto de vista militar poseía además una excelente vista que permitía que los observadores de un ejército que marchaba de sur a norte, pudieran desde el balcón tener una excelente panorámica tanto del potencial campo de batalla como de sus vías de acceso.

El Comandante Gorostiaga había tomado posesión del lugar poco después de encontrarse con el Coronel Velásquez en el puente del pueblo, entonces fue que el Comandante General de la Artillería, le había solicitado infantería para proteger sus piezas; petición que al Jefe de Estado Mayor de la III División, le había parecido más que razonable.

La tropa que escoltaba al Comandante en tanto descansaba, un Carabinero del Yungay cuidaba de los caballos mientras que otro montaba guardia en la puerta de la casa, un par de jinetes sustraídos de la vista de los jefes habían comenzado a explorar el área, buscando algún tesoro o algo para comer con sus compañeros, en tanto dos ordenanzas se las habían arreglado para para preparar café para los oficiales.

El Comandante Gorostiaga sorbió su café y apuntó su anteojo de campaña de manera de tener una vista panorámica del campo chileno, al norte de su posición podía ver claramente los trabajos de los artilleros, varios hombres votaban los muros laterales de las chacras para comunicar las baterías entre sí, en tanto otros construían sobre una acequia un improvisado puente fuera del camino, a raíz de la petición de Velásquez, Gorosteaga había hecho marchar al frente la guardia que había destacado cerca del pueblo el regimiento “Aconcagua” y una compañía del “Santiago”, no contento con eso había enviando órdenes para que la I y II Brigada del Regimiento desplegaran tres compañías de infantería cada una, despachando además un mensaje al Coronel Lagos, no hacía mucho habían pasado hacía el frente otras tres compañías del Regimiento “Santiago”; una nube de polvo en el camino desde el sur atrajo su mirada, contemplando atentamente distinguió claramente una columna de hombres marchando, debían ser las tres compañías del “Naval” que había solicitado al Comandante Fierro – Siete compañías y el grupo del “Aconcagua” – se dijo al tiempo que sorbía otro trago de café – Equivalen casi a un regimiento, serán suficiente como gran guardia – sacando entonces de un bolsillo al interior de su chaqueta sacó su pequeña libreta y un lápiz, tras meditar un segundo anotó.

Abajo los dos Carabineros de Yungay que habían salido a “explorar” habían regresado con algunos frascos de conserva que compartieron con sus compañeros, formándose una pequeña algazara  el Sargento del pelotón, que permanecía fumando sentado aparte del grupo en una silla que había sacado de una casa de una casa vecina, levantó su carabina y con ella apuntó a uno de los hombres, este asintió con la cabeza; escondida en su morral, una macisa botella de champaña francés, un “Dom Pérignon” del año 1876, encontrada casualmente bajo un mueble volcado y salvado providencialmente de las llamas, era el mejor tesoro obtenido por los hombres, en el momento oportuno el fino licor sería bebido acompañando un trozo de charqui seco y galleta marinera.

Pocos minutos después, al paso acompasado marcado por los Sargentos de las compañías “ izquier.... izquier.... izquier... dos.... tres.... cuatro” los veteranos soldados de las tres compañías del batallón “Artillería Naval”, de la infantería cívica de Valparaíso, cruzaban por Barranco rumbo al norte, la mayor parte del personal de este cuerpo llevaba en campaña desde hacía casi dos años, participando activamente en las distintas campañas de la guerra, ganando un gran prestigio, de forma que para emprender esta última campaña el primitivo batallón de 600 plazas había sido transformado en un batallón de 6 compañías de 150 fusileros, con un total 900 hombres; el comandante Gorostiaga sonrió satisfecho, dirigió su anteojo a las líneas peruanas, no hacía mucho había visto llegar un tren desde Lima, lo que no había ayudado precisamente a calmarlo, irónicamente se dijo – No parece que estos entiendan que están derrotados – 

1 comentario:

  1. Querido Jorge, Felicitaciones por ese trabajo minuciosísimo. Soy miraflorino. Sugiero que relates el choque entre los batallones Guarnición de Marina y Navales, que fue el más intenso de la batalla (con el mayor número de bajas). Detalles de ambos uniformes. GDM usaba hachas de abordaje (eran infantería de marina). Tal vez sangrienta prosa pero real. Bat. Navales también tenían kepíes con anclas. Ambos de brava gente de los puertos. Ver testimonio de Manuel Layseca (Bat. GDM).
    http://www.connuestroperu.com/index.php?option=com_content&task=view&id=14816&Itemid=30%7C

    Un fuerte abrazo,

    Luis

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