CAPITULO
III
MAÑANA
DEL 15 DE ENERO DE 1881
BARRANCO
PUESTO
DE OBSERVACIÓN DE LA III DIVISIÓN
La elegante casita de dos pisos, perteneciente a un italiano, había sobrevivido al incendio provocado por orden del
Coronel Pedro Lagos, quien había ordenado este proceder por temor a
una dispersión de una parte de su tropa para dedicarse al saqueo de
las ricas viviendas del lugar; aparte de las naturales comodidades
que proveía un techo y muebles desde el punto de vista militar
poseía además una excelente vista que permitía que los
observadores de un ejército que marchaba de sur a norte, pudieran
desde el balcón tener una excelente panorámica tanto del potencial
campo de batalla como de sus vías de acceso.
El Comandante Gorostiaga había tomado posesión del
lugar poco después de encontrarse con el Coronel Velásquez en el
puente del pueblo, entonces fue que el Comandante General de la
Artillería, le había solicitado infantería para proteger sus
piezas; petición que al Jefe de Estado Mayor de la III División, le
había parecido más que razonable.
La tropa que escoltaba al Comandante en tanto
descansaba, un Carabinero del Yungay cuidaba de los caballos mientras
que otro montaba guardia en la puerta de la casa, un par de jinetes sustraídos de la vista de los jefes habían comenzado a explorar el
área, buscando algún tesoro o algo para comer con sus compañeros,
en tanto dos ordenanzas se las habían arreglado para para preparar
café para los oficiales.
El Comandante Gorostiaga sorbió su café y apuntó su
anteojo de campaña de manera de tener una vista panorámica del
campo chileno, al norte de su posición podía ver claramente los
trabajos de los artilleros, varios hombres votaban los muros
laterales de las chacras para comunicar las baterías entre sí, en
tanto otros construían sobre una acequia un improvisado puente
fuera del camino, a raíz de la petición de Velásquez, Gorosteaga
había hecho marchar al frente la guardia que había destacado cerca
del pueblo el regimiento “Aconcagua” y una compañía del
“Santiago”, no contento con eso había enviando órdenes para que
la I y II Brigada del Regimiento desplegaran tres compañías de
infantería cada una, despachando además un mensaje al Coronel
Lagos, no hacía mucho habían pasado hacía el frente otras tres
compañías del Regimiento “Santiago”; una nube de polvo en el
camino desde el sur atrajo su mirada, contemplando atentamente
distinguió claramente una columna de hombres marchando, debían ser
las tres compañías del “Naval” que había solicitado al
Comandante Fierro – Siete compañías y el grupo del “Aconcagua”
– se dijo al tiempo que sorbía otro trago de café – Equivalen
casi a un regimiento, serán suficiente como gran guardia – sacando
entonces de un bolsillo al interior de su chaqueta sacó su pequeña
libreta y un lápiz, tras meditar un segundo anotó.
Abajo los dos Carabineros de Yungay que habían salido a
“explorar” habían regresado con algunos frascos de conserva que
compartieron con sus compañeros, formándose una pequeña algazara
el Sargento del pelotón, que permanecía fumando sentado aparte del
grupo en una silla que había sacado de una casa de una casa vecina,
levantó su carabina y con ella apuntó a uno de los hombres, este
asintió con la cabeza; escondida en su morral, una macisa botella de
champaña francés, un “Dom Pérignon” del año 1876, encontrada
casualmente bajo un mueble volcado y salvado providencialmente de las
llamas, era el mejor tesoro obtenido por los hombres, en el momento
oportuno el fino licor sería bebido acompañando un trozo de
charqui seco y galleta marinera.
Pocos minutos después, al paso acompasado marcado por
los Sargentos de las compañías “ izquier.... izquier....
izquier... dos.... tres.... cuatro” los veteranos soldados de las
tres compañías del batallón “Artillería Naval”, de la
infantería cívica de Valparaíso, cruzaban por Barranco rumbo al
norte, la mayor parte del personal de este cuerpo llevaba en campaña
desde hacía casi dos años, participando activamente en las
distintas campañas de la guerra, ganando un gran prestigio, de forma
que para emprender esta última campaña el primitivo batallón de
600 plazas había sido transformado en un batallón de 6 compañías
de 150 fusileros, con un total 900 hombres; el comandante Gorostiaga
sonrió satisfecho, dirigió su anteojo a las líneas peruanas, no
hacía mucho había visto llegar un tren desde Lima, lo que no había
ayudado precisamente a calmarlo, irónicamente se dijo – No parece
que estos entiendan que están derrotados –

Querido Jorge, Felicitaciones por ese trabajo minuciosísimo. Soy miraflorino. Sugiero que relates el choque entre los batallones Guarnición de Marina y Navales, que fue el más intenso de la batalla (con el mayor número de bajas). Detalles de ambos uniformes. GDM usaba hachas de abordaje (eran infantería de marina). Tal vez sangrienta prosa pero real. Bat. Navales también tenían kepíes con anclas. Ambos de brava gente de los puertos. Ver testimonio de Manuel Layseca (Bat. GDM).
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Un fuerte abrazo,
Luis