martes, 12 de marzo de 2013

capitulo V


CAPITULO V

GENERAL PEDRO SILVA

LINEA DE DEFENSA PERUANA AL SUR DE MIRAFLORES

El General Pedro Silva detuvo su revista al llegar a la Hacienda Calera de la Merced, donde lo alcanzó un mensajero enviado por el Coronel Andrés Cáceres, el mensaje era de lo más preocupante, no era el Jefe del I Cuerpo un hombre timorato de esos que confundiría una partida de reconocimiento enemiga con un avance general del Ejército enemigo, el General al menos, se consoló pensando que había logrado revisar las posiciones de la parte más importante de la línea, y pudo darse cuenta que contra lo que creía las tropas en general estaban bien dispuestas para la batalla.
El Estado Mayor General tenía una plantilla de personal de alrededor de cien hombres, de modo que el General Silva no tuvo problemas en encontrar personal para cursar las órdenes necesarias para que las distintas fracciones de caballería pasaran a ocupar sus posiciones a retaguardia, mientras que con el mismo oficial que llevara el mensaje del Coronel aprobó su determinación, otros dos partieron al galope en busca de los Coroneles Suarez y Dávila para que ordenaran a sus tropas ocupar sus posiciones y prepararse para una eventual batalla.
El tramo de la línea de defensa peruana recorrida por el General comenzaba en la costa a unos novecientos a mil doscientos metros al sur de la población del pueblo de Miraflores  apoyándose en una profunda hondonada, lecho seco del río Surco, en una corta la planicie de poniente a oriente en toda su extensión, inclinándose en su extremo derecho hacia el norte y formando así una especie de arco.
Los bordes del cauce lo componían una serie de pequeñas alturas, presentando una serie de montículos separados, de una formación de acarreo y cubiertas de lajas y guijarros.
Todo el borde del lado norte se encontraba coronado en una extensión de unos cuantos kilómetros por una tapia no interrumpida que solamente permitía el paso de la línea férrea y la carretera.
Este muro seguía las ondulaciones del terreno, aumentando con su altura la profundidad del barranco, dicha barrera había sido horadada con las bayonetas por los soldados, que sin ordenes al respecto habían creado, de este modo, una serie de improvisadas troneras que les permitirían disparar sin exponer el dorso por encima del muro.
La línea estaba reforzada por una serie de puntos fuertes, el más occidental de ellos era la batería “Alfonso Ugarte”, posición que debía proteger la línea de eventuales ataques desde el mar, pero que también podía ofender a un asaltante que avanzara por tierra, para ello contaba con dos secciones de artillería, una compuesta por dos piezas Rodman, traídas desde el muelle Darsena de El Callao, la otra por dos piezas Parrot, su comandante era el Sargento Mayor Ernesto Diez Canceco, competente oficial de artillería, que ahora, además, tras la captura del Coronel Arnaldo Panizo en el morro Solar, se había visto promovido del puesto de Jefe del Detall a Comandante General Accidental de las baterías de Chorrillos y Miraflores  dicha posición estaba circundaba por una alta y ancha muralla de sacos de arena resguardada por un terraplén de piedras y tierra que descendía hasta un foso de tres metros de profundidad por más de cuatro de anchura.
Se extendían después de occidente a oriente una serie de diez reductos, los cuales se encontraban numerados del 1 al 10, la idea original era que los reductos formaran puntos fuertes en la línea separados entre sí aproximadamente por mil metros, la forma era en general rectangular  protegido por muros formados por sacos de arena de siete a ocho hileras de elevación, con un ancho foso al frente, mismo que debería estar lleno de agua y provistos por la parte interior con una serie de escalinatas, cada uno de estos reductos debía ser defendido por un batallón del Ejército de Reserva.
En la teoría, la línea era bastante fuerte, pero sea por falta de tiempo o desidia no se habían tomado todas las medidas que hubiesen magnificado aún más las posibilidades de los defensores, en efecto, no habían sido despejado los campos de tiro, de modo que los asaltantes de las línea, contarían con alguna protección otorgada por los numerosos muros y las cortinas de árboles, principalmente los abundantes álamos y sauces de la comarca.
El Reducto número 1, estaba guarnecido por el batallón N° 2, formado por las personas ligadas al comercio de Lima, y que era además comandado por el Prior del Consulado, el ahora Coronel Provisional Manuel Lecca, contaban estos reservistas con una ametralladora para aumentar su poder de fuego. El terraplén de este Reducto, estaba formado por trozos de tapia, y visto desde el sur ofrecía el aspecto de un castillo desmoronado.
Fuera del reducto, hacía el oriente se había emplazado una batería compuesta por tres piezas “Grieve”, cañones producidos localmente por el Ingeniero Juan Grieve, cuando ante un requerimiento del Ejército, se solicitó el diseño y fabricación de artillería a nivel local, toda vez que se notó la carencia de estas armas, y las dificultades para adquirir dichas armas en el mercado internacional, Grieve basó su diseño en una pieza Krupp de montaña de 60 mm, adquirida por el Gobierno de Bolivia y que se encontraba en tránsito hacía el país altiplánico, tras un concienzudo estudio de todas las piezas del cañón, decidió que la mejor manera de proceder, sería ahuecando ejes de ferrocarril  para lo cual habilitó la “Escuela de artes”, aunque el rayado del ánima se realizaba en la maestranza del ferrocarril inglés, estas piezas eran muy lijeras, pues pesaban apenas 107 kilos, lo que las hacía muy maniobrables, lo que compensaba su alcance máximo de solo dos mil quinientos metros, sin lugar a dudas eran las mejores piezas del arsenal peruano; sin embargo, a pesar del gran esfuerzo físico e intelectual desplegado, solo se habían logrado construir entre marzo de 1880 y enero de 1881, un total de 32 piezas, habiendo caído en manos de los chilenos, un número nada despreciable, durante la batalla del 13 de enero.
A retaguardia de este reducto en las afueras del pueblo de Miraflores  se había levantado durante el 14 una batería provisional, en la cual se había emplazado un cañón Dahlgren traído del arsenal de El Callao.
A unos mil metros al oriente del primer reducto, pasada la línea férrea, se encontraba el Reducto N° 2, mismo que estaba guarnecido por el batallón N° 4, formado por los funcionarios del poder judicial, abogados, procuradores y los funcionarios y estudiantes de la Universidad San Marcos, era comandado por el prestigioso Abogado, ahora devenido en Coronel Provisional Ramón Rybeiro, este reducto ocupaba la altiplanicie denominada Huaca Juliana; se trataba de un cuadrilátero estrecho, mal encuadrado en el horizonte, porque no se tuvo en cuenta la forma del terreno, ni la sensible inclinación de éste hacia la zona de maniobras del enemigo; una estacada cerrando el recinto de la plaza, un foso inconcluso y sin agua en el exterior, y por último abierto completamente a retaguardia, pues nunca llegó a gola o remate de esta clase de obras, tal era lo que enfáticamente se llamó reducto y con cuyo nombre pasaría a la historia, a su derecha se habían emplazado dos ametralladoras y diez piezas de artillería, en su mayor parte cañones “White”, otra pieza de producción local, consistente en copias de piezas “Vavasseur” de 55 mm, estas piezas, de mucha menor calidad que la “Grieve”, fueron aceptadas en servicio a pesar de sus deficiencias, pues era más rápida y fácil de producir, en efecto tras algunas modificaciones se les consideraron aptas para el servicio, produciéndose 80, entre piezas de campaña y montaña, las que tenían un alcance máximo tres mil ochocientos y dos mil quinientos metros respectivamente, según se rumoreaba entre los artilleros encargados del servicio de algunas de estas piezas, varias de ellas no se les debía considerar aptas para el servicio, pues adolecían de tales deficiencias que eran peligrosas de operar, pero, sin embargo, a raíz de la imperiosa necesidad de artillería en el frente, se les había aceptado en servicio.
Cubriendo el frente entre los reductos 1 y 2, estaban la infantería del I Cuerpo de Ejército del Coronel Cáceres, reforzado con la “Brigada Naval”, compuesta por los batallones “Guarnición de Marina” comandado por el Capitán de Navío Juan Fanning, el “Guardia Chalaca” comandado por Carlos Arrieta y la columna de “Celadores de El Callao”, llegada desde El Callao durante la noche del 13 al 14.
Seguían en la línea el II Cuerpo de Ejército del Coronel Suarez  destacando entre sus batallones el “Zepita” y el “Concepción”-
Unos mil metros más al oriente, se encontraba el Reducto N° 3, defendido por el batallón N° 6, comandado por el Abogado, ahora Coronel Provisional Narciso de la Colina.
Más al oriente se encontraba el Reducto N° 4, en los potreros del Fundo La Palma, se encontraba defendido por el Batallón N° 8, formado por los empleados públicos  comandado por el jefe del Ministerio de Hacienda, ahora Coronel Provisional Juan de Dios Rivera.
Cubriendo los reductos 3 y 4 estaban distribuidas las tropas del III Cuerpo de Ejército del Coronel Justo Pastor Dávila.
Posteriormente se encontraba el Reducto N° 5, hubicado en la hacienda “Calera de la Merced” estaba defendido por el Batallón N° 10, comandado por el dueño de la misma, el terrateniente, ahora Coronel Provisional José León.
En las antiguas casas en ruinas de la hacienda, el día anterior también se habían colocado un par de piezas muy bien camufladas, que se esperaba fueran una desagradable sorpresa para el enemigo.
Finalmente cerraban el dispositivo de defensa, una serie de posiciones artilladas situadas en los cerros, El Cobre, El Pino, San Bartolomé y San Cristóbal, también habían sido artillados, sus sirvientes era una heterogénea mezcla de civiles voluntarios, marinos e incluso los bomberos de la primera compañía de Lima.
El General Silva, decidió volver al galope a la quinta Schell, donde se ubicaba el Cuartel General, Piérola le había informado de las gestiones de los diplomáticos extranjeros – Si hasta me dijo que hasta almorzarían juntos – el Subjefe de Estado Mayor se le acercó a pedir órdenes para el Escuadrón “Guías”, cuerpo de caballería especial, formado por medio centenar de jinetes, y uno de los pocos bien montados del Ejército, que hacía las veces de escolta del Estado Mayor General – Ordene que nos sigan, marchamos a ver al Jefe Supremo –


Especiales agradecimientos a Jonatan Saona Reyes, quien me ayudó a reconstruir la línea de defensa peruana desde el mar a la hacienda Calera de la Merced, enviando incluso un muy buen croquis del Fuerte "Alfonso Ugarte".

1 comentario:

  1. Si bien es cierto la localizacion exacta del fuerte Alfonso Ugarte es deconocida, pareceria que hubiera estado al final de la AV. Pardo. El reducto No 1 segun informacion chilena habria estado a lo largo de la calle MAnco Capac entre La PAz y Larco. Que pena que hoy no exista una placa recordatoria en honor a los valientes ciudadanos armados, al soldado de linea y a los infantes de marina que dieran su vida salvando asi el honor nacional.

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