CAPITULO
V
GENERAL
PEDRO SILVA
LINEA
DE DEFENSA PERUANA AL SUR DE MIRAFLORES
El
General Pedro Silva detuvo su revista al llegar a la Hacienda Calera
de la Merced, donde lo alcanzó un mensajero enviado por el Coronel
Andrés Cáceres, el mensaje era de lo más preocupante, no era el
Jefe del I Cuerpo un hombre timorato de esos que confundiría una
partida de reconocimiento enemiga con un avance general del Ejército
enemigo, el General al menos, se consoló pensando que había logrado
revisar las posiciones de la parte más importante de la línea, y
pudo darse cuenta que contra lo que creía las tropas en general
estaban bien dispuestas para la batalla.
El
Estado Mayor General tenía una plantilla de personal de alrededor de
cien hombres, de modo que el General Silva no tuvo problemas en
encontrar personal para cursar las órdenes necesarias para que las
distintas fracciones de caballería pasaran a ocupar sus posiciones a
retaguardia, mientras que con el mismo oficial que llevara el mensaje
del Coronel aprobó su determinación, otros dos partieron al galope
en busca de los Coroneles Suarez y Dávila para que ordenaran a sus
tropas ocupar sus posiciones y prepararse para una eventual batalla.
El
tramo de la línea de defensa peruana recorrida por el General
comenzaba en la costa a unos novecientos a mil doscientos metros al
sur de la población del pueblo de Miraflores apoyándose en una
profunda hondonada, lecho seco del río Surco, en una corta la
planicie de poniente a oriente en toda su extensión, inclinándose
en su extremo derecho hacia el norte y formando así una especie de
arco.
Los
bordes del cauce lo componían una serie de pequeñas alturas,
presentando una serie de montículos separados, de una formación de
acarreo y cubiertas de lajas y guijarros.
Todo
el borde del lado norte se encontraba coronado en una extensión de
unos cuantos kilómetros por una tapia no interrumpida que solamente
permitía el paso de la línea férrea y la carretera.
Este
muro seguía las ondulaciones del terreno, aumentando con su altura
la profundidad del barranco, dicha barrera había sido horadada con
las bayonetas por los soldados, que sin ordenes al respecto habían
creado, de este modo, una serie de improvisadas troneras que les
permitirían disparar sin exponer el dorso por encima del muro.
La
línea estaba reforzada por una serie de puntos fuertes, el más
occidental de ellos era la batería “Alfonso Ugarte”, posición
que debía proteger la línea de eventuales ataques desde el mar,
pero que también podía ofender a un asaltante que avanzara por
tierra, para ello contaba con dos secciones de artillería, una
compuesta por dos piezas Rodman, traídas desde el muelle Darsena de
El Callao, la otra por dos piezas Parrot, su comandante era el
Sargento Mayor Ernesto Diez Canceco, competente oficial de
artillería, que ahora, además, tras la captura del Coronel Arnaldo
Panizo en el morro Solar, se había visto promovido del puesto de
Jefe del Detall a Comandante General Accidental de las baterías de
Chorrillos y Miraflores dicha posición estaba circundaba por una
alta y ancha muralla de sacos de arena resguardada por un terraplén
de piedras y tierra que descendía hasta un foso de tres metros de
profundidad por más de cuatro de anchura.
Se
extendían después de occidente a oriente una serie de diez
reductos, los cuales se encontraban numerados del 1 al 10, la idea
original era que los reductos formaran puntos fuertes en la línea
separados entre sí aproximadamente por mil metros, la forma era en
general rectangular protegido por muros formados por sacos de arena
de siete a ocho hileras de elevación, con un ancho foso al frente,
mismo que debería estar lleno de agua y provistos por la parte
interior con una serie de escalinatas, cada uno de estos reductos
debía ser defendido por un batallón del Ejército de Reserva.
En
la teoría, la línea era bastante fuerte, pero sea por falta de
tiempo o desidia no se habían tomado todas las medidas que hubiesen
magnificado aún más las posibilidades de los defensores, en efecto,
no habían sido despejado los campos de tiro, de modo que los
asaltantes de las línea, contarían con alguna protección otorgada
por los numerosos muros y las cortinas de árboles, principalmente
los abundantes álamos y sauces de la comarca.
El
Reducto número 1, estaba guarnecido por el batallón N° 2, formado
por las personas ligadas al comercio de Lima, y que era además
comandado por el Prior del Consulado, el ahora Coronel Provisional
Manuel Lecca, contaban estos reservistas con una ametralladora para
aumentar su poder de fuego. El terraplén de este Reducto, estaba
formado por trozos de tapia, y visto desde el sur ofrecía el aspecto
de un castillo desmoronado.
Fuera
del reducto, hacía el oriente se había emplazado una batería
compuesta por tres piezas “Grieve”, cañones producidos
localmente por el Ingeniero Juan Grieve, cuando ante un requerimiento
del Ejército, se solicitó el diseño y fabricación de artillería
a nivel local, toda vez que se notó la carencia de estas armas, y
las dificultades para adquirir dichas armas en el mercado
internacional, Grieve basó su diseño en una pieza Krupp de montaña
de 60 mm, adquirida por el Gobierno de Bolivia y que se encontraba en
tránsito hacía el país altiplánico, tras un concienzudo estudio
de todas las piezas del cañón, decidió que la mejor manera de
proceder, sería ahuecando ejes de ferrocarril para lo cual
habilitó la “Escuela de artes”, aunque el rayado del ánima se
realizaba en la maestranza del ferrocarril inglés, estas piezas eran
muy lijeras, pues pesaban apenas 107 kilos, lo que las hacía muy
maniobrables, lo que compensaba su alcance máximo de solo dos mil
quinientos metros, sin lugar a dudas eran las mejores piezas del
arsenal peruano; sin embargo, a pesar del gran esfuerzo físico e
intelectual desplegado, solo se habían logrado construir entre
marzo de 1880 y enero de 1881, un total de 32 piezas, habiendo caído en manos de los chilenos, un número nada despreciable, durante la
batalla del 13 de enero.
A
retaguardia de este reducto en las afueras del pueblo de Miraflores
se había levantado durante el 14 una batería provisional, en la
cual se había emplazado un cañón Dahlgren traído del arsenal de
El Callao.
A
unos mil metros al oriente del primer reducto, pasada la línea
férrea, se encontraba el Reducto N° 2, mismo que estaba guarnecido
por el batallón N° 4, formado por los funcionarios del poder
judicial, abogados, procuradores y los funcionarios y estudiantes de
la Universidad San Marcos, era comandado por el prestigioso Abogado,
ahora devenido en Coronel Provisional Ramón Rybeiro, este reducto
ocupaba la altiplanicie denominada Huaca Juliana; se trataba de un
cuadrilátero estrecho, mal encuadrado en el horizonte, porque no se
tuvo en cuenta la forma del terreno, ni la sensible inclinación de
éste hacia la zona de maniobras del enemigo; una estacada cerrando
el recinto de la plaza, un foso inconcluso y sin agua en el exterior,
y por último abierto completamente a retaguardia, pues nunca llegó
a gola o remate de esta clase de obras, tal era lo que enfáticamente
se llamó reducto y con cuyo nombre pasaría a la historia, a su
derecha se habían emplazado dos ametralladoras y diez piezas de
artillería, en su mayor parte cañones “White”, otra pieza de
producción local, consistente en copias de piezas “Vavasseur” de
55 mm, estas piezas, de mucha menor calidad que la “Grieve”,
fueron aceptadas en servicio a pesar de sus deficiencias, pues era
más rápida y fácil de producir, en efecto tras algunas
modificaciones se les consideraron aptas para el servicio,
produciéndose 80, entre piezas de campaña y montaña, las que
tenían un alcance máximo tres mil ochocientos y dos mil quinientos
metros respectivamente, según se rumoreaba entre los artilleros
encargados del servicio de algunas de estas piezas, varias de ellas
no se les debía considerar aptas para el servicio, pues adolecían
de tales deficiencias que eran peligrosas de operar, pero, sin
embargo, a raíz de la imperiosa necesidad de artillería en el
frente, se les había aceptado en servicio.
Cubriendo
el frente entre los reductos 1 y 2, estaban la infantería del I
Cuerpo de Ejército del Coronel Cáceres, reforzado con la “Brigada
Naval”, compuesta por los batallones “Guarnición de Marina”
comandado por el Capitán de Navío Juan Fanning, el “Guardia
Chalaca” comandado por Carlos Arrieta y la columna de “Celadores
de El Callao”, llegada desde El Callao durante la noche del 13 al
14.
Seguían
en la línea el II Cuerpo de Ejército del Coronel Suarez destacando
entre sus batallones el “Zepita” y el “Concepción”-
Unos
mil metros más al oriente, se encontraba el Reducto N° 3, defendido
por el batallón N° 6, comandado por el Abogado, ahora Coronel
Provisional Narciso de la Colina.
Más
al oriente se encontraba el Reducto N° 4, en los potreros del Fundo
La Palma, se encontraba defendido por el Batallón N° 8, formado por
los empleados públicos comandado por el jefe del Ministerio de
Hacienda, ahora Coronel Provisional Juan de Dios Rivera.
Cubriendo
los reductos 3 y 4 estaban distribuidas las tropas del III Cuerpo de
Ejército del Coronel Justo Pastor Dávila.
Posteriormente
se encontraba el Reducto N° 5, hubicado en la hacienda “Calera de
la Merced” estaba defendido por el Batallón N° 10, comandado por
el dueño de la misma, el terrateniente, ahora Coronel Provisional José León.
En
las antiguas casas en ruinas de la hacienda, el día anterior también
se habían colocado un par de piezas muy bien camufladas, que se
esperaba fueran una desagradable sorpresa para el enemigo.
Finalmente
cerraban el dispositivo de defensa, una serie de posiciones
artilladas situadas en los cerros, El Cobre, El Pino, San Bartolomé y San Cristóbal, también habían sido artillados, sus sirvientes
era una heterogénea mezcla de civiles voluntarios, marinos e incluso
los bomberos de la primera compañía de Lima.
El
General Silva, decidió volver al galope a la quinta Schell, donde se
ubicaba el Cuartel General, Piérola le había informado de las
gestiones de los diplomáticos extranjeros – Si hasta me dijo que
hasta almorzarían juntos – el Subjefe de Estado Mayor se le acercó
a pedir órdenes para el Escuadrón “Guías”, cuerpo de
caballería especial, formado por medio centenar de jinetes, y uno de
los pocos bien montados del Ejército, que hacía las veces de
escolta del Estado Mayor General – Ordene que nos sigan, marchamos
a ver al Jefe Supremo –

Si bien es cierto la localizacion exacta del fuerte Alfonso Ugarte es deconocida, pareceria que hubiera estado al final de la AV. Pardo. El reducto No 1 segun informacion chilena habria estado a lo largo de la calle MAnco Capac entre La PAz y Larco. Que pena que hoy no exista una placa recordatoria en honor a los valientes ciudadanos armados, al soldado de linea y a los infantes de marina que dieran su vida salvando asi el honor nacional.
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