miércoles, 24 de abril de 2024

 

CAPITULO II

PERDIDAS FUNESTAS   



La llegada de los Regimientos “Zapadores” y “Valparaíso”, y el Batallón “Naval”, fue proverbial, y comenzó primero a ralentizar el avance peruano, y poco a poco contenerlo.

En los primeros tres reductos, los reservistas peruanos, mantenían a raya a los chilenos, que visiblemente habían retrocedido manteniendo desde  lejos el fuego contra las posiciones peruanas, mientras por los flancos de estos, una buena parte de las tropas de línea, se habían lanzado a la ofensiva. Más allá, en las posiciones más lejanas, los otros reservistas, situados en los reductos del flanco izquierdo, e incluso de lugares tan lejanos como Puente de piedra, en el camino a Ancón, ansiosamente dirigían sus miradas hacía Miraflores ¿Les llamarían como refuerzos?, y ¿Si el enemigo aparecía repentinamente a su frente?  

El Coronel  Cáceres, parado sobre un muro, lanzó un improperio al cielo, con su anteojo de campaña pudo ver claramente una gran polvareda que se levantaba entre Barranco y Chorrillos, y no necesitó explicaciones, refuerzos chilenos se movilizaban hacía el campo de batalla, en efecto, era la primera división de Lynch, que se acercaba a marchas forzadas, desde su campamento, el Coronel calculó que dichas tropas entrarían en acción en unos cuarenta minutos o máximo en una hora, calculadamente miró hacía el reducto N° 2, inmediatamente lo supo, eso era, si se lanzaban en ese momento fuera de los reductos los batallones de la Reserva, al menos la primera división de reserva, podría mantener el impulso, y con un poco de suerte desbandar a las tropas chilenas que tenían en frente, trato de calcular cuantas tropas tenía esa división, unos 1.500  hombres se dijo…. pero súbitamente no pudo seguir pensando en ello, una bala le alcanzó en la pierna, dejó caer los anteojos, y con un esfuerzo sobrehumano, se afirmó en el muro para evitar caer al suelo del dolor.

En el flanco derecho en tanto, casi al mismo tiempo que el Coronel Cáceres era herido; los hombres del Batallón “Guarnición de Marina”, que habían mantenido el peso del avance peruano, producto de haber sufrido alrededor de un centenar y medio de caídos entre muertos y heridos, comenzaban a perder bríos, de modo que agotados y perseguidos por el intenso fuego de la infantería chilena, comenzaban a detener el avance y comenzaban a ponerse a cubierto, el Capitán de Navío Juan Fanning, se dio cuenta que quedarse a medio camino significaría aumentar exponencialmente las bajas pues quedarían expuestos no solo al fuego de frente sino que también del flanco izquierdo, pues el enemigo comenzaba a reorganizarse, poniéndose de pie, y al grito de  – ¡¡Adelante Guarnición de Marina!! – animó a los suyos a avanzar, centenares de ojos se volvieron hacía el comandante del Batallón, y los hombres se sintieron contagiados del entusiasmo y valor del marino, sin embargo, antes de que pudiesen levantarse, los hombres vieron con horror como en una extraña contorción caía alcanzado por varios balazos chilenos.

Más hacía el centro el Coronel Canevaro, quien mantuviera la idea de lanzar un audaz asalto a las líneas chilenas la noche del 13, en circunstancias que desmontaba de su caballo a fin de apretar la cincha, repentinamente se llevó la mano al cuello, dejando salir un sonido gutural, uno de sus ayudantes reaccionó rápidamente, saltando desde su montura y ayudando al Coronel a sentarse de espalda apoyándose contra un muro, el hombre se dio cuenta que la herida era grave, pues el Coronel no podía hablar, y su guerrera estaba tinta de sangre, de alguna manera, se le ocurrió limpiar la herida con agua, y luego vendarla con una bufanda de seda que el Coronel tenía en uno de sus bolsillos.

El Coronel Cáceres, apoyado contra un árbol, rabiando por el dolor, sólo podía pensar – Que avance la reserva sino será muy tarde, aún estamos a tiempo, debemos traer más batallones de reservista de la izquierda y de la retaguardia – Sin embargo, poco a poco sus fuerzas comenzaban a abandonarle, su fiel caballo, sin embargo se mantenía junto a él, de modo que mordiéndose el labio el Coronel decidió montar

Los hombres de Fanning, se acercaron incrédulos a contemplar el cuerpo de su jefe, que yacía muerto frente a ellos, para entonces la mayor parte de los oficiales del Batallón estaban muertos o heridos, y los que quedaban en su mayoría eran jóvenes subtenientes que no se sintieron con fuerzas para asumir el comando de la unidad, y aunque no retrocedieron, dejaron de avanzar.

El ayudante del Coronel Canevaro logró que un par de soldados trajeran el caballo del Coronel y le ayudaran a montar, el oficial, ya sin fuerzas, se desmayó por la pérdida de sangre y el dolor, el ayudante, visiblemente conmovido llevando su caballo a tiro asistido por dos soldados, sólo pudo pensar en sacar de la línea de batalla a su comandante, lo más rápido posible.  

De esta forma, en el momento clave del combate, los defensores perdían a tres de sus más importantes jefes, Fanning muerto, y Cáceres y Canevaro heridos.

 

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