CAPITULO
II
PERDIDAS
FUNESTAS
La llegada de los Regimientos “Zapadores” y “Valparaíso”,
y el Batallón “Naval”, fue proverbial, y comenzó primero a ralentizar el avance
peruano, y poco a poco contenerlo.
En los primeros tres reductos, los reservistas peruanos,
mantenían a raya a los chilenos, que visiblemente habían retrocedido manteniendo
desde lejos el fuego contra las
posiciones peruanas, mientras por los flancos de estos, una buena parte de las
tropas de línea, se habían lanzado a la ofensiva. Más allá, en las posiciones
más lejanas, los otros reservistas, situados en los reductos del flanco izquierdo,
e incluso de lugares tan lejanos como Puente de piedra, en el camino a Ancón, ansiosamente
dirigían sus miradas hacía Miraflores ¿Les llamarían como refuerzos?, y ¿Si el
enemigo aparecía repentinamente a su frente?
El Coronel Cáceres,
parado sobre un muro, lanzó un improperio al cielo, con su anteojo de campaña
pudo ver claramente una gran polvareda que se levantaba entre Barranco y Chorrillos,
y no necesitó explicaciones, refuerzos chilenos se movilizaban hacía el campo
de batalla, en efecto, era la primera división de Lynch, que se acercaba a
marchas forzadas, desde su campamento, el Coronel calculó que dichas tropas entrarían
en acción en unos cuarenta minutos o máximo en una hora, calculadamente miró
hacía el reducto N° 2, inmediatamente lo supo, eso era, si se lanzaban en ese
momento fuera de los reductos los batallones de la Reserva, al menos la primera
división de reserva, podría mantener el impulso, y con un poco de suerte
desbandar a las tropas chilenas que tenían en frente, trato de calcular cuantas
tropas tenía esa división, unos 1.500 hombres
se dijo…. pero súbitamente no pudo seguir pensando en ello, una bala le alcanzó
en la pierna, dejó caer los anteojos, y con un esfuerzo sobrehumano, se afirmó
en el muro para evitar caer al suelo del dolor.
En el flanco derecho en tanto, casi al mismo tiempo que
el Coronel Cáceres era herido; los hombres del Batallón “Guarnición de Marina”,
que habían mantenido el peso del avance peruano, producto de haber sufrido
alrededor de un centenar y medio de caídos entre muertos y heridos, comenzaban
a perder bríos, de modo que agotados y perseguidos por el intenso fuego de la
infantería chilena, comenzaban a detener el avance y comenzaban a ponerse a cubierto,
el Capitán de Navío Juan Fanning, se dio cuenta que quedarse a medio camino
significaría aumentar exponencialmente las bajas pues quedarían expuestos no solo
al fuego de frente sino que también del flanco izquierdo, pues el enemigo comenzaba
a reorganizarse, poniéndose de pie, y al grito de – ¡¡Adelante Guarnición de Marina!! – animó a
los suyos a avanzar, centenares de ojos se volvieron hacía el comandante del
Batallón, y los hombres se sintieron contagiados del entusiasmo y valor del
marino, sin embargo, antes de que pudiesen levantarse, los hombres vieron con horror
como en una extraña contorción caía alcanzado por varios balazos chilenos.
Más hacía el centro el Coronel Canevaro, quien mantuviera
la idea de lanzar un audaz asalto a las líneas chilenas la noche del 13, en
circunstancias que desmontaba de su caballo a fin de apretar la cincha,
repentinamente se llevó la mano al cuello, dejando salir un sonido gutural, uno
de sus ayudantes reaccionó rápidamente, saltando desde su montura y ayudando al
Coronel a sentarse de espalda apoyándose contra un muro, el hombre se dio cuenta
que la herida era grave, pues el Coronel no podía hablar, y su guerrera estaba
tinta de sangre, de alguna manera, se le ocurrió limpiar la herida con agua, y luego
vendarla con una bufanda de seda que el Coronel tenía en uno de sus bolsillos.
El Coronel Cáceres, apoyado contra un árbol, rabiando por
el dolor, sólo podía pensar – Que avance la reserva sino será muy tarde, aún
estamos a tiempo, debemos traer más batallones de reservista de la izquierda y
de la retaguardia – Sin embargo, poco a poco sus fuerzas comenzaban a
abandonarle, su fiel caballo, sin embargo se mantenía junto a él, de modo que mordiéndose
el labio el Coronel decidió montar
Los hombres de Fanning, se acercaron incrédulos a
contemplar el cuerpo de su jefe, que yacía muerto frente a ellos, para entonces
la mayor parte de los oficiales del Batallón estaban muertos o heridos, y los
que quedaban en su mayoría eran jóvenes subtenientes que no se sintieron con fuerzas
para asumir el comando de la unidad, y aunque no retrocedieron, dejaron de
avanzar.
El ayudante del Coronel Canevaro logró que un par de
soldados trajeran el caballo del Coronel y le ayudaran a montar, el oficial, ya
sin fuerzas, se desmayó por la pérdida de sangre y el dolor, el ayudante,
visiblemente conmovido llevando su caballo a tiro asistido por dos soldados,
sólo pudo pensar en sacar de la línea de batalla a su comandante, lo más rápido
posible.
De esta forma, en el momento clave del combate, los
defensores perdían a tres de sus más importantes jefes, Fanning muerto, y
Cáceres y Canevaro heridos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario