TERCERA
PARTE
LLUVIA
DE SANGRE
CAPÍTULO
I
REGIMIENTO
DE INFANTERIA DE LA GUARDA NACIONAL “CONCEPCION”
III
DIVISIÓN DEL CORONEL PEDRO LAGOS
Los
primeros disparos fueron recibidos en la línea chilena, con una
suerte de sorpresa resignada, en sus posiciones los hombres podían
ver claramente las caras del enemigo, de modo que muy pocos albergaban dudas de que ese día habría combate, sin embargo, ninguno
de ellos esperaba que la batalla comenzara de ese modo.
La
vista de los hombres del Regimiento “Concepción” era
sencillamente espectacular, si hubiesen sido otros tiempos sin duda
hubiesen disfrutado la costa, y probablemente se estarían bañando;
sin embargo, en las actuales circunstancias, la vista era secundaria,
pues, tácticamente eran, la extrema izquierda de la línea chilena;
el Comandante, deseoso de no permanecer inactivo, había ordenado que
se enviara una patrulla a la playa a fin de reconocer un camino de
bajada, de esta manera un Cabo 1º y dos soldados reciben las
órdenes pertinentes y parten, siguiendo la orilla del risco
comienzan a buscar; el Cabo observa que uno de sus hombres avanza
agazapado – Jara cual es su problema que camina tan encorvado –
Ninguno mí Cabo, solo que no me gusta estar tan cerca del enemigo
sin cobertura – El Cabo quiso decir algo, pero el sonido de tiros a
su izquierda le hizo callarse, el soldado Jara se estiró
súbitamente, los tres hombres se miran indecisos ante el sonido del
fuego cada vez más cercano, como sino comprendieran lo que pasaba,
entonces junto al pie del Cabo se levanta el polvo de una bala –
¡Mierda! – Un Teniente que observaba distraídamente la escena
desde retaguardia, intenta gritar, pero la voz no logra salir de la
garganta, ahora una docena de tiros son dirigidos a los hombres, y
estos caen.
Dos
soldados que contemplaban al grupo reaccionan por fin y abren fuego,
el anonadado Teniente cubierto por un pequeño árbol, levanta su
revólver y dispara también, entonces los bultos que han quedado en
el suelo comienzan a moverse, un nuevo grupo de soldados apunta sus
armas y dispara, los bultos apenas visibles se arrastran hacía la
protección del fuego amigo, el Teniente por fin saca la voz –
¡Muévanse niños! ¡Fuego, cúbranlos! – Sin embargo, son solo
dos de los bultos se mueven, el tercero permanece invisible a la
vista de sus compañeros.
Por
fin, tras lo que les parece un siglo, dos hombres aparecen junto a
sus compañeros, uno de ellos trae aún su arma, el otro, pálido y
jadeante permanece en silencio, sus compañeros ven claramente una
fea herida de bala que le ha perforado la pierna derecha a la altura
del peroné, aparentemente le ha fracturado el hueso, uno de sus
compañeros con un trapo sucio, presiona la herida mientras improvisa
un vendaje, el rostro del hombre se vuelve más pálido, y aprieta
fuerte los dientes, pero aún así no se queja.
– ¿Y
Jara? – pregunta al fin uno de los soldados mientras recarga su
arma, consultando por el tercer hombre que componía la partida, el
Cabo que aún permanece ileso mueve negativamente su cabeza y casi en
un murmullo agrega – Lo acribillaron – De esta manera el soldado
Amador Jara se transformaba en la primera víctima de la batalla.
Los
hombres no dicen nada, pero súbitamente toman conciencia de su
propia mortalidad, el sonido de fuego de cañón se une súbitamente
al de fusilería, sin embargo los hombres no pueden identificar sí
son amigos o enemigos, el Teniente corta el ensimismamiento de los
hombres con ordenes – Ustedes pongan al herido al abrigo de esa
tapia, el resto dispérsense, no podemos permanecer todos juntos en
este lugar –

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