CAPITULO
III
REGIMIENTO
“ACONCAGUA”
TERCERA DIVISIÓN LAGOS
El
fuego había sorprendido al Regimiento “Aconcagua” mientras aún
marchaba hacía el frente, de modo que debió desplegarse en batalla,
en medio de la mayor confusión, recibiendo fuego oblicuo creyeron
estar bajo fuego amigo, por lo que habían asomado su viejo estandarte para ser reconocido como unidad chilena, sin embargo, el
viejo estandarte que había guiado a los soldados en el cruce del
río Ancach, durante la guerra de 1839 en vez de servir para detener
el fuego, este se había intensificado; el Comandante Díaz Muñoz a
gritos ordenó a los hombres que se protegieran en las murallas,
cuando vio que la mayor parte de los hombres había cumplido la orden
desmontó, y abriendo los brazos ordenaba una y otra vez – No se
amontonen, desplieguense en guerrilla – su corneta de órdenes no
paraba de transmitir la orden con su instrumento, pero el ruido de la
batalla, ahogaba las notas.
Levantando
la cabeza un Sargento repentinamente gritó – ¡Nos dispara los
Navales! – ¿Cómo? – Sí miren esos hueones que nos fusilan son
los del Naval – El Capitán Ricci observa la línea desde donde les
disparan, es difícil orientarse en medio del fuego, el oficial duda,
no puede ver muy bien, de modo que mira al comandante quien ordena
parar el fuego, de modo que sólo hay una cosa por hacer, de modo que
volviéndose a los hombres que tiene más cerca en dirección al estandarte grita a todo pulmón – ¡Suban el estandarte para que
nos reconozcan! – La orden es repetida por varios más hasta que
esta llega al abanderado – ¡Arriba el estandarte para que los
Navales paren el fuego! – Maldiciendo lo que le parece una mala
idea el Subteniente obedece de forma que el viejo estandarte sube
una vez más para ponerse a la vista sobre el muro, sin embargo el
resultado no es el cese del fuego, sino por el contrario, este se
acrecienta, el oficial siente que la enseña sufre un golpe, y
rápidamente lo baja, dos soldados curiosos le señalan el extremo
superior, un bala ha volado la punta de la alabarda – ¡¡¡Cholos
maricones!!! ¡Peleén a pecho descubierto como los hombres! – sin
embargo, por más grandes que fueran los insultos, estos no eran
suficientes para ganar la batalla.
La
alabarda del estandarte no es lo único que ha perdido el
“Aconcagua”, tres hombres del grupo del Aconcagua, colocado de
avanzada ya han sido herido de diversa gravedad uno de ellos con una
horrible herida en la cabeza, los hombres aprendieron de esta forma
lo peligroso que resultaba asomarse dos veces por el mismo sitio,
pocos instantes después, el Capitán Augusto Nordenflytch, en
circunstancias de que intentaba subir a su caballo para intentar
enlazar con el resto de su retrasado Regimiento, recibió dos balas
en el pecho, el animal, ni se inmuto cuando su jinete con el pie
enredado aún en el estribo, cayo silencioso, un Sargento segundo le
vio caer, y rápidamente se dirigió gateando a socorrerlo, sin
embargo, era un esfuerzo inútil, en medio de convulsiones el
Capitán moría ahogado por su propia sangre, el Sargento, le sostuvo
la cabeza de su superior por un instante, pero pronto cae en cuenta
que ahora el reducido pelotón del “Aconcagua” está bajo su
mando, sin culpa, el suboficial se apropia del revolver del cadáver,
por un segundo tiene la tentación de revisarle los bolsillos, pero
sabe que todos sus hombres le observan y de las decisiones que tome
dependen sus vidas, de modo que cerrándole los ojos en un gesto
cariñoso lo deja tendido, con emoción piensa al tiempo que se
dirige a su puesto – Lástima que no pueda hacerle una tumba de
inmediato, pues ya vendrán esos malditos buitres a desplumarlo mí
capitán – al mismo tiempo comenzó a poner orden entre los suyos–
Vamos niños, disparen, que a la guerra se viene a triunfar o morir,
Ortíz y Godoy cubran el flanco derecho, no desperdicien balas – el
Sargento no se ha dado cuenta aún, pero ha sufrido más bajas,
aunque no producto del fuego enemigo, en medio de la confusión dos
hombres se han escabullido silenciosamente hacía retaguardia.
El
Subteniente Rosales, apenas se ha dado cuenta que el corneta del
Comandante a tocado fuego en avance, este tras revisar su revólver
se parado y a la carrera al grito de – Adelante aconcagüinos –
se ha lanzado al frente por un muro derrumbado, todos los hombres
que se encontraban junto a él, le siguen, otro soldado cae como si
hubiese chocado con un muro invisible, sin embargo, ninguno para a
ver si esta vivo, los hombres siguen al comandante quien avanza con
la cabeza agachada, como si corriera en medio de un temporal de
lluvia con viento, avanzando varios metros hasta otra tapia, donde se
vuelven a parapetar, pero otros muchos soldados permanecen
desorientados, el desorden es tremendo.
Rosales
se da cuenta de que algunos soldados disparan sus armas por encima de
la muralla sin apuntar – Esta tarde San Pedro quedará agujereado –
se dice para sí mismo, el Subteniente sabe que debe calmar a la
tropa y convencerlos de hacer su trabajo – Muchachos las batallas
no las ganan los que hacen más ruido – increpa a un soldado que le
mira con ojos desmesuradamente abiertos – Dame tú fusil un momento
– el soldado duda un instante pero se la entrega, con gesto
despreocupado el Subteniente lo carga y se asoma con calma sobre el
muro y dispara, lo cierto es que no sabe si le ha dado a alguien pero presume – Lo vez ahora hay un cholo menos con quien combatir –
al tiempo que le devuelve el fusil al soldado, este maquinalmente
carga nuevamente el arma y esta vez se asoma a disparar, y vuelve a
cargar – disparen con calma niños – poco a poco los hombres
comienzan a seguir el ejemplo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario