viernes, 10 de mayo de 2013

capitulo 4


CAPITULO IV

QUINTA SCHELL

CUARTEL GENERAL PERUANO



Los Diplomáticos apenas si habían alcanzado a saludar a Piérola, cuando el ronco rugido de la batalla comenzó, el Jefe Supremo de la República, guardó silencio y se quedó mirando al cielo, el Ministro Spencer Saint Jhon, pareció perder por un momento la flema, y notoriamente palideció, el Ministro Vorges, que hasta el momento había hablado en un perfecto español dejó escapar un – Mon Dieu... – en tanto el señor Tezanos Pinto se limitó a mover la cabeza tristemente; Piérola, se quedó parado, sus ojos se abrieron desorbitadamente, al tiempo que seguía mirando fijamente al cielo como buscando una explicación, hacía solo unos minutos que había ordenado no abrir fuego; el General Buendia a su lado, fue el primero en notar que el rostro de Piérola se volvía a cada momento más rojo, y temió que el Jefe Supremo fuera a caer fulminado por un ataque de apoplejía  tal como se decía había ocurrido con el Ministro chileno Rafael Sotomayor, en la previa de la batalla de Tacna, sin embargo, lo que ocurría con Piérola era en realidad más asimilable a un volcán a punto de estallar.

Efectivamente, tras un instante que pareció interminable, Piérola paseó su mirada por los rostros de todos los presentes, como si esperara que alguien hablara, un ayudante nerviosamente jugueteaba con los botones de su casaca, Piérola gritó por fin – ¡Traición! ¡Los chilenos han roto el armisticio! – El General Buendia avanzó hacía el Jefe Supremo, este brúscamente le ordenó – ¡Mi espada! Traiga mi espada, debemos correr al frente de batalla, la suerte del Perú esta en juego – El General se irguió en todo su porte cuadrándose – Ayudante prepare mi caballo, partimos de inmediato – El aludido como impulsado por un rayo salió corriendo, al tiempo que repentinamente los demás militares subitamente se ponían en movimiento, saliendo rápidamente de la estancia, al cabo de unos instantes el Ministro Saint John llamó la atención de los demás Diplomáticso – Señores estamos ante una grave situación – Vorges asintió – Se acercan días negros para Lima – No me refiero solo a eso señores, miren ustedes, hemos quedado solos –

Los Diplomáticos miraron incrédulos a su alrededor, y recorrieron la solitaria estancia – Pero.... quien garantiza nuestra inmunidad – El Guardia de la puerta también se ha ido – a solo unas decenas de metros de la puerta a la vista de los hombres, una de las gruesas granadas de la armada chilena estalló levantando una gran polvareda  y haciendo desaparecer un árbol y parte de una reja, los hombres trastabillaron uno de ellos calló en la entrada de la puerta, al tiempo que los vidrios de la quinta estallaban, el señor Tezanos Pinto, con gestos llamó a los hombres aún ensordecidos por la explosión; la decisión era lógica, los diplomáticos optaban por huir hacía la ciudad.

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