miércoles, 10 de abril de 2013

Capítulo IX


CAPÍTULO IX

MOMENTOS DECISIVOS

GENERAL MANUEL BAQUEDANO GONZALEZ COMANDANTE EN JEFE DEL EJÉRCITO CHILENO

REALIZANDO UN RECONOCIMIENTO DE SUS LÍNEAS Y LAS POSICIONES PERUANAS

NICOLÁS DE PIÉROLA JEFE SUPREMO DE GOBIERNO Y PROTECTOR DE LA RAZA INDIGENA

EN LA QUINTA SCHELL, CUARTEL GENERAL AVANZADO DEL EJÉRCITO PERUANO

Y

DIVERSOS ACTORES EN OTROS LUGARES

CERCA DE LAS DOS DE LA TARDE DEL DÍA 15 DE ENERO DE 1881



Previo a su encuentro con el Regimiento “Aconcagua” el General Baquedano se había entrevistado unos instantes con el Coronel Lagos en la casa italiana, el Coronel se había apersonado hasta la puerta, cuando se le informó que el General en Jefe entraba en el pueblo, desmontando, pero sin entrar a la casa, Baquedano saludó al jefe de la Tercera División, rápidamente este le puso al corriente de la situación, aprobando el General sus disposiciones, confirmándole que había ordenado tanto a la Reserva General como a la caballería dirigirse a Barranco; el General Marcos Maturana, Jefe del Estado Mayor General, quien también formaba parte del grupo del Comandante en Jefe, le confidenció antes de marcharse que los tres regimientos de Martínez que componían la Reserva General, estaban acampados en las afueras de Barranco a unos pocos minutos del frente en caso necesario

Mí General ha enviado orden también a la Primera y Segunda Divisiones para que levanten sus campamentos y se dirijan a ocupar las posiciones que se les habían señalado ayer – Velásquez que se había allegado al ver tantos oficiales juntos le cortó el paso – Mi General, ¿Donde está situado el Parque General? – El general con gesto apurado se limitó a decir sobre la marcha – Sigue estando en la Escuela de Cabos, lo resguarda el “Esmeralda – Luego apurando el paso alcanzó al resto de la comitiva que ya montaba para salir hacía el frente.

En la Quinta Schell, también se respiraba un cierto aire agitado, ya habían llegado partes de los más importantes comandantes del frente en cuanto a los movimientos chilenos, en efecto, el Comandante General de las Baterías ya había enviado dos avisos de que la escuadra enemiga evolucionaba frente a la batería “Alfonso Ugarte”, el Jefe de Estado Mayor General, el Jefe del I Cuerpo de Ejército, y el del I Cuerpo de Reserva también habían avisado de los movimientos de las tropas chilenas frente a las líneas; sin embargo, Nicolás de Piérola había mantenido firme sus órdenes de no romper el fuego contra los chilenos, en efecto, esperaba tener durante ese día dos importantes reuniones, a medio día con los representantes diplomáticos, a los que había invitado a almorzar, y en la tarde otra con las autoridades civiles, representantes de los otros Poderes del Estado, la opinión de los militares ya le era bien conocida, y a pesar de que la mayoría opinaba que debían presentar batalla, le daba la impresión de que ellos hablaban más por la necesidad de mantener el honor, pero que ninguno de ellos se atrevía a presagiar un triunfo militar, de esta forma teniendo la opinión de los estamentos, entonces y solo entonces, tomaría la decisión final de si continuaba las operaciones militares.

El General Juan Buendia, quien comandara el 1° Ejército del Sur en Tarapacá, era uno de los militares en los que más confiaba Piérola, sin embargo el oficial que había sido incluso procesado por aquella desastrosa campaña, ya no era aquel hombre de carácter fuerte, de modo que poco podía decir en cuanto a la verdadera influencia que tenía, sobre el hombre sobre el que descansaba el destino del Perú. A aquella hora el General parecía más bien distraído a toda las voces de alerta, como si pensara en las consecuencias políticas de la campaña, mostrándose algo indiferente a las operaciones militares mismas;sin embargo, su semblante cambio al serle anunciado por un Capitán que los Diplomáticos encabezados por el señor Tezanos Pintos acababan de presentarse en la Guardia de la Quinta – Haga que sean conducidos al salón principal, y envie alguien a informar a Su Excelencia, yo los recibiré de inmediato –

El General Baquedano se había mostrado preocupado por el espacio existente entre la línea férrea y las posiciones del Batallón “Naval”, informado que el Regimiento “Aconcagua”, el mismo que habían dejado atrás hace un rato era la unidad que no había tomado posición todavía  el General con un gesto de desagrado ordenó a uno de sus ayudantes marchar en busca de dicho Regimiento – El “Aconcagua”, “Aconcagua”, debe apresurar su marcha – El oficial tras cuadrarse salió al galope a cumplir su comisión.

Uno de los Cazadores que formaba la escolta cuchicheó a uno de sus compañeros – Mí General parece estar nervioso – El Cabo 1° le devolvió una mirada mezcla entre incredulidad y decepción – Parece que usted Sotito es el único que no se da cuenta de que es cosa de minutos para que comience la batalla, mire bien si el “Aconcagua” no llega a tiempo, por este forado se colará el enemigo partiendo en dos a la División Lagos – El aludido abrió la boca sin saber que replicar, al girar la cabeza hacía el grupo de jefe que custodiaban vio a dos de los oficiales vestidos con uniformes navales extranjeros que en otro idioma intercambiaban opiniones al tiempo que uno de ellos señalaba con el dedo a los fuertes enemigos, y recién entonces comprendió la gravedad de la situación – La “parca” hará una cosecha muy fecunda este día –

El Capitán de Navío Patricio Lynch, había recibido ordenes de ponerse en marcha hacía el frente, de modo que había remitido las órdenes pertinentes a sus dos maltrechas brigadas, en la batalla del 13, la primera División que el comandaba, había soportado lo más pesado de la batalla, de modo que había sufrido muchísimas bajas, poniéndose montando a caballo seguido de su pequeño Cuartel General y Estado Mayor tomó posición para presenciar el paso silencioso de los veteranos soldados de la I Brigada.

El General Buendia había dado la bienvenida a los Diplomáticos, estos habían agradecido el gesto de que tan alto oficial les hiciese los honores al tiempo que les acompañara a esperar al Jefe Supremo del Gobierno Peruano, De Vorges, le dijo – General me siento optimista de que merced el acercamiento que pueda hacer el Cuerpo Diplomático, los beligerantes puedan llegar a un acuerdo razonable, que mantenga el honor de ambas naciones – Buendia replicó – Por cierto, que esperamos que la razón se imponga a la fuerza bruta señoría, pero tenga por seguro que el Perú no está en ni remotamente cerca de ser derrotado, créame que entre ayer y hoy las posiciones de nuestro ejército han sido tremendamente mejoradas, y nuestras tropas reforzadas – El Ministro Saint John sonrió en un gesto que bien podía entenderse como un gesto de simpatía o irónico.

Por fin, haciendo una impresionante entrada desde el segundo piso apareció Nicolás de Piérola, inmediatamente los oficiales más jóvenes se pusieron firmes automáticamente, al tiempo que el Jefe Supremo descendía paso a paso la escala, engalanado con un uniforme de gala en el que destacaban sus famosas botas federicas de charol, don Nicolás sonreía, la suya no era una sonrisa forzada de un hombre sometido a tremendas presiones, sino más bien era como la de un dueño de casa que recibe viejos e importantes amigos que no veía hace tiempo.

El Regimiento “Aconcagua” había abandonado el camino principal internándose por una huella hacía el este, los hombres, aún se mantenían en un alegre relajo, el Subteniente Rosales de la tercera del primero, se adelantó unos metros a su compañía acercándose al Subteniente Byssivinger de la segunda del primero, que se había ido quedando un poco rezagado a su fuerza, una vez juntos en un espacio entre las dos compañías, Byssivinger le convida un cigarro al tiempo que Rosales le pasa un billete de un Inca “encontrado por ahí”– Con eso creo te puedes comprar hasta la plaza de Acho en Lima – ambos hombres rieron.

La Quinta Brigada de Caballería ha regresado a su campamento, los hombres han desmontado y forman para almorzar, un Sargento Mariscal armado con un martillo y una tenaza en sus manos, marcha entre los caballos acompañado por un Corneta que no se separa de su instrumento, han decidido no formar para comer todavía, por el contrario, comienzan a inspeccionar los caballos, saben que hay al menos dos de ellos cojos, y otros varios que han perdido herraduras durante la revista, el Sargento maldice entre murmuraciones apenas entendibles a los chilenos, al ejército y sobretodo a los políticos que han permitido que las cosas se desmadraran a ese estado.

Nuevos incendios, amagaban con destruir el pueblito de Barrancos, por sus calles vagaban muchos chinos, a los cuales los chilenos llamaban “compales”, por su manera de pronunciar la palabra “compadre”, y “compañeras”, y también algunos dispersos que buscaban víveres o algún tesoro abandonado; en las afueras de la población, la reserva acampaba a la espera de órdenes, con los fusiles armados en pabellón, y tan pasado medio día el hambre comenzaba a manifestarse entre los soldados, en varias de las compañías del Regimiento “Valparaíso”, los oficiales habían decidido enviar a sus ordenanzas en “comisión de servicio” a buscar víveres en el pueblo y alrededores, los de la compañía de Ramón habían decidido enviar a los cuatro asistentes juntos, proveyéndolos de los caballos, algún dinero y un salvoconducto firmado por el comandante de compañía “por si acaso”; los hombres se habían mostrado muy diligentes en el desempeño de su misión, regresando con una gallina, media docena de huevos, y algunas verduras, interrogados de cómo lo habían conseguido tan rápido, uno de los ordenanzas respondió sin dejar de hacer una pequeña fogata – un “compale” nos vendió la gallina y nos regalo los huevos a cambio de protección por evitar que lo asaltaran – Ramón sospechó que los asaltantes del chino pudieron ser los mismos ordenanzas, pero se cuidó de decir algo; estaba agradecido de que aquellos hubiesen regresado tan pronto, pues de momento su mayor preocupación en ese momento era comer algo rápidamente. Repentinamente un pelotón de jinetes que pasó al galope y les llenó de tierra, ganándose una serie de insultos que si bien es cierto eran de grueso calibre, dejaron indiferentes a los jinetes.

El Batallón Peruano “Concepción” permanecía atrincherado, por orden superior se les había prohibido a los soldados subirse arriba de las tapias, estos maldecían en silencio a los enemigos, que valiéndose de la tregua aprovechaban de acercar sus tropas confiadamente, casi hasta las barbas de los defensores, más de una acariciaba nervioso el gatillo de su arma, más tensos se pusieron los hombres cuando los sargentos revistaron las municiones y se les completó la dotación para el combate, 200 tiros llenaron los morrales de los soldados; sin embargo, no todos los batallones habían sido tan afortunados, el que ocupaba el frente del Reducto N° 3, apenas si se les habían completado solamente 60 tiros por hombre, apenas lo necesario para mantenerse media o tres cuarto de hora de combate.

El Regimiento chileno “Concepción”, permanecía en observación de las posiciones enemigas, sus posiciones propias eran las menos protegidas de la línea chilena, en efecto, su sector del frente había sido el único donde los peruanos habían realizado algunas obras de demolición, derrumbando parte de los muros que debían dar protección a los chilenos, aunque en honor a la verdad, los escombros habían sido simplemente amontonados y no retirados, creando de esta forma algunos refugios más precarios para los hombres, sin embargo, una parte de la tropa permanecía a la vista y sin refugio para eventuales fuegos del enemigos.

En aquellos momentos el General Baquedano, se había adelantado a sus líneas en la extrema derecha de su ejército, señalando al General Maturana la posición que debía ocupar la Primera División, uno de los oficiales llamaba la atención a un compañero sobre lo cercano de las posiciones peruanas – No se arriesga demasiado mí General al acercarse tanto –

El grupo de altos oficiales chilenos era observado desde sus posiciones por muchos ojos, a unos pocos cientos de metros, un grupo de soldados peruanos, no mas de una veintena, mantienen la posición, los hombres, por seguridad habían recibido orden de pasar bala a sus armas y con ellas obviamente apuntaban hacía los jinetes; el oficial a cargo, un Subteniente muy joven, se mantenía en un silencio expectante, sus órdenes eran “mantenerse alertas”, el oficial no necesitaba órdenes para saber que hacer en caso de un ataque enemigo, sin dudar ordenaría abrir fuego, pero, nadie le había dicho nada sobre que hacer, si el General en Jefe enemigo se presentaba a unos centenares de metros de su posición, obviamente había una tregua, pero el enemigo estaba realizando un reconocimiento, de modo que estaba la disyuntiva de saber hasta donde se le podía tolerar acercarse, los hombres también observaban nerviosos mientras mantenían en los puntos de mira a los jinetes, todos recordaban los terribles momentos vividos el 13, cuantos miles de hombres habían caído muertos ya, cuantos más habían sido transformado en tullidos, cuantos más estaban prisioneros, amigos, padres, hijos, compatriotas, cuantos de ellos ni siquiera pensaron tener a su alcance al máximo líder del Ejército enemigo, más de uno se preguntó – ¿Qué pasaría sí me lo cargo de un balazo? – sin embargo, la línea de fusileros solo permanecía en silencio apuntando al enemigo, pasaron unos instantes más, casi al mismo tiempo, dos hombres dejaron de mirar al frente, en su interior sabían que era lo que tenían que hacer, pero no tenían órdenes, por una fracción de segundo se miraron casi de reojo, nada se dijeron, pero con solo mirarse tenían una decisión tomada, ambos volvieron a mirar al grupo de jinetes enemigos a travez de sus miras, y apuntaron al que parecía el oficial superior, le veían claramente, al centro del grupo señalando en una y otra dirección, seguro, insultante, lentamente apretaron los gatillos, uno de ellos cerró los dos ojos pero no dejó de presionar, la suerte estaba echada.

Sonaron dos balazos, luego otros dos o tres más, luego una docena, finalmente a lo largo de toda la línea como una erupción volcánica que silenciosamente había estado juntando magma, comenzó a encenderse con el fuego de fusilería.

El grupo del General Baquedano, al galope tendido abandonaba la zona de fuego, el General maldecía a grandes voces, dos tiros habían estado muy cerca de ofenderle, uno de ellos le había volado la espuela de su bota derecha, y otro se había incrustado en su silla de montar, por suerte para el grupo los caballos instintivamente al sentir el fuego, se alejaron al galope hacía el sur, la escolta de “Cazadores” disparó sin mucho convencimiento algunos tiros a fin de dar cobertura al alto mando, retirándose también al galope.


FIN DE LA II PARTE


2 comentarios:

  1. PORQUE NO CUENTAS LA VERDAD? USTEDES QUERIAN ENTRAR A SANGRE Y FUEGO A LIMA POR ESO NO RESPETARON LA TREGUA. NO VENGAS A DECIR QUE NOSOTROS DISPARAMOS... BAUQEDANO NO QUERIA NEGOCIAR NADA LA TREGUA ERA SOLO UN DESCANSO A LAS TROPAS QUE SE EMBORRACHARON EN CHORRILLOS, COMO CASTIGO LOS MANDARON A LA PRIMERA LINEA EN DIA 15 A USTEDES NO LES CONVENIA LA TREGUA YA QUE QUERIAN SAQUEAR LA CAPITAL PORQUE SON UNOS HIJOS DE MIL PUTA ASESINOS!! ESO NO PUEDES DECIR ? USTEDES NOS ODIAN A MIENTRAS QUE GRAU RESCATABA LOS NAUFRAGOS USTEDES LOS FUSILABAN Y DEJABAN MORIR.. PORQUE NO CUENTAS ESO TE DA VERGUENZA TU HISTORIA POR ESO NO TIENES SANGRE EN LA CARA PARA CONTAR LA VERDAD Y MENTIR DESCARADAMENTE ROTOS FEOS HORRIBLES NARIZONES ENVIDIOSOS -- Y A LOS CHILENOS QUE LEAN ESTO NO CREAN EN ESTAS HISTORIAS LEAN LA VERDAD BUSQUEN MAS INFORMACION SOBRE A GUERRA QUE NO SEAN ESTOS AUTORES SOLO CUENTAN MENTIRAS PARA TAPAR LOS HORRENDOS ASESINATOS Y MUERTES EN VEZ DE TENER ORGULLO TENDRIAN QUE SENTOR VERGUENZA DE SU PAIS GRACIAS :)

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  2. varias cosas:
    Primero: Te señalo que este no es un relato histórico, sino novelado, no existe la certeza de que los hechos que describo fueron cien por ciento como señalo, sin embargo, eso no quiere decir, que no haya investigado al respecto; es un hecho incuestionable que los peruanos dispararon contra el General Baquedano, mientras este realizaba un reconocimiento a la línea peruana, testimonios hay de sobra al respecto, no citaré los chilenos (partes oficiales de los comandantes chilenos o relatos de los corresponsales) por que podrías señalar que son parciales; pero tienes los relatos del del Teniente Francés M. le León y del Capitán Inglés William Acland; ambos testigos presenciales de los hechos, finalmente tienes el testimonio del soldado peruano del Batallón Concepción Torres Lara, quien también estaba en la posición donde relato los hechos, y señala que desde las líneas peruanas dispararon contra el General chileno.
    Segundo: Por otra parte; tras la batalla del 13, los chilenos enviaron plenipotenciarios a tratar la rendición de Lima; incluyendo a su Ministro de Guerra, y Piérola no los quiso recibir, sin embargo cerca de la media noche del 14 llamó a los diplomáticos extranjeros y por su intermedio envío al Teniente Inglés Carey Brenton y al Italiano Conde Royck, quienes consiguieron que Baquedano recibiera a los Diplomáticos a las 7 de la mañana del 15.
    Tercero: Las tropas enviadas al frente no estaban "castigadas", se envió a la 3ª División por que eran las tropas que menos bajas habían sufrido en la batalla del 13.
    Cuarto: El ejército chileno quedó maltratado tras la batalla del 13, sin embargo las tropas peruanas no quedaron en mejor estado, el General Pedro Silva, en su parte oficial señala como aniquilados a 13 de los 30 batallones de línea y con fuertes bajas a otros 7, en el campo chileno no desapareció ninguna unidad de combate.
    Quinto: El no ataque de inmediato a la línea de Miraflores, permitió a los peruanos reconstruir unidades y traer refuerzos, el Coronel Cáceres en sus memorias señala que su Cuerpo de Eército ahora denominado I, que además de sus batallones regulares tenía también un batallón y una compañía creada con dispersos; del mismo modo en ese tiempo, se pudo establecer entre los reductos Nº 1 y 2 una batería con un cañón pesado. De modo que a los peruanos también les convenia la tregua.
    Sexto: Durante la guerra fueron hechos prisioneros más de 2.000 ciudadanos del Perú, y fueron devueltos a dicho país centenares de heridos; para no quedar de mentiroso el 2 de diciembre de 1879 fueron entregados en Arica en el transporte "Lamar" 107, al día siguiente en el "Copiapó" 135; en Junio de 1880 en el Loa 510, con lo que completamos 752 hombres entregados al Perú por razones humanitarias (ojo no cuento los entregados a Bolivia que si no me equivoco son como 400)
    Hay otros casos menores; pero no menos importantes en el combate del Callao del 25 de mayo de 1880, fueron rescatados 7 náufragos peruanos de la lancha "Independencia", de ellos el Teniente Galvez, fue entregado a los peruanos en reconocimiento a su valor; entonces creo que las cosas no son como tú señalas.
    Finalmente si tienes argumentos de verdad, relatos, cartas, memorias, etc, sería bueno que las compartieras, y así tendríamos una discusión real, y no un berrinche.
    Atte

    Jorge

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