sábado, 26 de enero de 2013

CAPITULO VIII


CAPITULO VIII

POSICIONES DEL BATALLÓN N° 27 “CONCEPCIÓN”
MADRUGADA DEL 15 DE ENERO DE 1881

Las diferencias entre los limeños y los que venían del interior se hacían más y más notorias con el curso de los acontecimientos, en efecto, imperaba entre los capitalinos un aire de manifiesta superioridad sobre sus compatriotas, este sentimiento se hacía especialmente insoportable para los serranos, en efecto los soldados del Batallón “Concepción”, eran un grupo afiatado y en general se les podía definir como veteranos, un buen número de ellos permanecía bajo las banderas desde hacía casi dos años, cuando habían dejado su provincia para instalarse en la capital, algunos de los oficiales nuevos, como el Capitán Sotillo eran veteranos de las campañas del sur, de modo que los reclutas eran los menos; durante la batalla del 13 habían tenido un buen comportamiento, al punto de haber combatido no solo en los alrededores de San Juan, sino que habían podido retirarse en orden y ser lanzados nuevamente al combate cuando el Estado Mayor General intentó recuperar el pueblo de Chorrillos, pero incluso en medio de aquella confusión, soldados y oficiales supieron guardar la cohesión, de forma que llegada la hora del repliegue general ante la imposibilidad de lograr una ventaja sobre el enemigo, lo habían realizado en orden y sin perder la cohesión.

Pero todo el heroísmo y sangre derramados de poco había servido, pues cuando llegaban a la línea de Miraflores, formados y en orden, los Reservistas lejos de demostrar respeto por la disciplina del cuerpo, incluso aún dolían a los soldados el solo recordar los comentarios de los improvisados reservistas – Estos se vinieron al completo – dando a entender que se habían retirado en masa sin combatir.

Cuando el batallón se detuvo y se le asignó una improvisada zona de responsabilidad en los alredores del Reducto N° 2, y luego se pasó la lista, se supo que el Batallón había perdido en combate alrededor de un centenar de hombres, más de uno de los soldados sintió los criminales deseos de vaciar sus arma contra su compatriota de la Reserva.

El Batallón del Coronel Valladares, cubría los alrededores del Reducto N° 2, metido en un potrero al costado de las posiciones de los restos del Batallón “Zepita” N° 29; muchos de los hombres dormían exhaustos por los esfuerzos de los días anteriores, sin embargo un grupo no menor observaba silenciosamente las llamas del pueblo de Barranco, incendiado por órdenes del Coronel Lagos durante la noche – Es que los chilenos pretenden quemarlo todo – Le había dicho el soldado Porfias a su compañero, el joven soldado Lara; y en esos momentos la ira de los hombres contra el enemigo del sur aumentó.

Los hombres, comenzaron lentamente a incorporarse, mientras la claridad del alba comenzaba a anunciar un nuevo día, un centinela bostezó largamente, los hombres que tímidamente se incorporaban lo hacían acompañados por sus fusiles Peabody, no lo sabían pero sus armas eran las mismas que utilizaba el ejército inglés, un arma de cadencia de tiro más lenta que los Comblain o Gras de los chilenos, pero bastante robusta y a juicio incluso de sus propios enemigos de mucho mayor alcance.

Un soldado de la tercera compañía, se sacó los zapatos, y con un trozo de cuerda trató de arreglar la suela abierta, y es que deficiencias en la logística del ejército habían impedido que el calzado de la tropa fuera repuesto oportunamente, peor aún, desde hacía más de un mes, que la gran mayoría de los que tenían dinero para procurárselos de forma particular, no tenían donde hacerlo – Ya me cazaré a un Araucano y me verás calzado con patas amarillas – dijo a su compañero que le observaba realizar la operación, haciendo alusión a las botas descarnadas con las que estaban equipados los chilenos.
Uno de los serranos sacó de su morral un trozo de pan duro, partiéndolo se lo dio a uno de sus compañeros, pronto se formaron algunos pequeños grupos entre los hombres que no estaban de servicio, en el grupo de Porfias y Lara un soldado sacó un diario – Podría leerlo para todos “distinguido” – dijo alargándole las dos hojas a Lara, este lo observó unos instantes y luego lo leyó para su grupo:

DIARIO DE LA CAMPAÑA
Lima, enero 14 de 1881
¡A las armas!
Ya el enemigo acerca su planta aleve y Lima debe pagar su tributo de sangre.
Mucho tiempo hemos estado esperando estos  momentos y nuestra energía debe retemplarse al aproximarse la hora de la venganza.
Antes la muerte que la deshonra.
Este debe ser nuestro único credo.
Tenemos al frente a la horda que viene asesinando, desde hace tiempo, a nuestras débiles mujeres, a los inválidos ancianos, a los tiernos niños.
Un momento de debilidad, entregará al enemigo la honra y la vida de nuestras esposas, de nuestros hijos, de todo lo más caro para nosotros.
¿Habrá quién pueda sobrevivir a la deshonra de su hermana, de su esposa o hija?
¡No, mil veces no!
No hay en Lima quien pueda soportar tamaña infamia.
¡A las armas, pues!
Y aunque nuestro ejército sabrá contener al enemigo e impedirle la entrada a Lima, que Lima se levante y presente el hermoso aspecto de una reserva inagotable.”

El grupo de hombres, comenzó a crecer rápidamente, pronto eran más de una decena los que escuchaban atentos la lectura.

LA CAMPAÑA
Hoy se presentó en el campamento de Miraflores, con las formalidades usuales, y como parlamentario, el señor doctor don Isidoro Errázuriz, redactor de La Patria de Valparaíso.
Acompañábale el señor Secretario de Guerra coronel Iglesias que en el combate de ayer cayó prisionero.
Ambos regresaron al campamento chileno después de haberse detenido en el nuestro poco rato.
Después llegó un segundo parlamentario el señor Guillermo Lira Errázuriz que entregó un pliego.
En la tarde se ha reunido una junta de los oficiales generales de nuestro ejército cuya deliberación ignoramos.

Entonces hay paz – preguntó con duda un serrano – Vino el Coronel Iglesias – Lara continuó leyendo mientras los hombres continuaban comentando cada palabra que leía

Sr.Director:
Nada nuevo ha ocurrido hoy aquí.
Las fuerzas enemigas no avanzan de su línea, a pesar de que las nuestras las hostilizan con frecuencia a corta distancia de sus posiciones.
Han quedado fatigados de la jornada de ayer y procuran reorganizarse.
Se dice que sus bajas son grandes y se han desalentado.
Nuestro ejército, por el contrario, en medio del más grande entusiasmo y con la fe del triunfo, aguarda impaciente la hora suprema.
Y en esta solemne situación, tócale una gran parte, talvez la principal, el ejército de Reserva, que desde la organización ha venido dando ejemplos de abnegación y patriotismo.

Ante el nombre de la Reserva, se produjo un silencio, varios aún estaban lastimados por la fría recepción de los reservistas cuando volvían de Chorrillos, Porfias se dijo así mismo “Estos se vinieron al completo”; la lectura continuó:

Es preciso recorrer su línea y revistar todos y cada uno de los batallones que la componen, para comprender el entusiasmo que reina entre ellos.
Serenos como siempre y seguros de cumplir con sus deberes hasta el sacrificio, aguardan la hora de la prueba para convertir en hechos sus promesas.
Y ese espíritu alentador, esa fe en el triunfo la transmite, como por la acción galvánica, al ejército activo, con quien forma hoy un solo cuerpo.
¡Un saludo entusiasta a esos valientes!

- Bah las señoritas de Lima se batirán encerrados en su reducto, mientras los serranos del Concepción lo hacen de frente al enemigo – un murmullo se aprobación y a la vez de protesta salio de todo el grupo obligando a Lara a callar, su mente le recordó el jactancioso santa, seña y contraseña de la noche que recién moría – Reserva – Dara – Triunfo – quisó unirse a las protestas de sus camaradas, pero en vez de eso continuó leyendo:
En el combate de ayer, nuestras fuerzas tomaron algunos prisioneros. Su número debió haber sido grande, pero como muchos de ellos tenían uniforme exactamente igual a varios de nuestros cuerpos de línea y aún de la Reserva, lograron escapar.
Hemos visto también un competente número de rifles comblain arrebatados a los enemigos.
La guerra que nos hacen hoy los chilenos es la misma que nos han hecho siempre.
Ayer, poco después de haber ocupado Chorrillos, saquearon los pocos establecimientos al por menor que allí existían, especialmente las pulperías y chinganas.
Los soldados se embriagaron y cometieron las iniquidades de siempre, de tal modo, que hasta sus mismos jefes se avergonzaban de los hechos.
Poco después de las tres de la tarde principiaron a saquear los ranchos y enseguida a incendiarlos.
Los de los señores Tenderini, Canevaro, General Pezet, fueron los primeros que desaparecieron.
El Ministro de la Guerra, General Vergara, tuvo que abandonar antes, el tercero de los ranchos que ocupaba, junto con nuestros prisioneros, pues calculaba que debían incendiarlo.
Ni los jefes ni los oficiales se creen seguros de la salvaje ferocidad de sus tropas.

Los hombres instintivamente miraron sobre el parapeto a las largas columnas de humo que se elevaban al cielo, tomando conciencia de la suerte que esperaba a Miraflores y a todos los pueblos de los alrededores de Lima, e incluso a la misma capital si es que el enemigo no era detenido. 


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