CAPÍTULO IX
TREN
ESPECIAL DEL CUERPO DIPLOMÁTICO EXTRANJERO ACREDITADO EN LIMA
El Ministro de
Vorges, representante de Francia en Lima, miró con cierto
nerviosismo a Sir Spenser St John, representante del Reino Unido y al Decano del Cuerpo Diplomático, el Ministro del Salvador Jorge Tezanos Pinto, no cabían
dudas que la gran flota que los neutrales habían reunido,
compuesta por naves Italianas, Francesas y Británicas eran
un excelente disuasor para proteger los intereses de las naciones europeas, pero en aquel momento el convoy ferroviario que
acababan de abordar, compuesto por un solo carro y la locomotora,
contaba con una única protección, el prestigio de las tres naciones
que representaban, y la gran bandera blanca de parlamento que
hondeaba en ella.
El
informe del Teniente Le Leon, agregado al Cuartel General chileno, traído la noche anterior por el Teniente de Navío Ratomski del Hussard, era decidor,
el ejército chileno, había vuelto a ponerse en un pie de disciplina
suficiente para acometer operaciones ofensivas; de manera que las
posibilidades de que dichas tropas se encontraran en condiciones de
lanzar un asalto contra la segunda línea de defensa de la capital
eran altisimas, y si superaban dicha línea, lo que le parecía muy
probable, los intereses de los neutrales estaban realmente en grave
peligro, el Ministro St. John, había obtenido informes iguales de su
agregado en el Cuartel General Chileno; de esta manera, el cónsul
alemán había expresado durante la reunión sostenida por el cuerpo
diplomático la tarde anterior, que dicha situación resultaría
fatal no solo para los bienes sino que también para las vidas de los
cerca de 25.000 extranjeros residentes en Lima; el contralmirante
Bergasse du Petit – Thouars,
le había confidenciado que a su juicio era poco probable que en tal
caso la mera presencia de los buques neutrales fuera un obstáculo
para que la soldadesca, que sin lugar a dudas incendiaría Lima hasta
sus cimientos, en tal caso, lo único que podían hacer el comandante
francés era atacar a la escuadra chilena y hundirla; lo que por
demás tendría consecuencias insospechadas, y no necesariamente
impediría a los chilenos arrasar Lima, El Callao y así como los pequeños pueblos y haciendas del departamento.
De esta manera,
sobre los hombros de los tres diplomáticos descansaba talvez la
única posibilidad de evitar la destrucción de la ciudad de los
virreyes.
Durante todo el día
habían intentado convencer a Piérola de la necesidad de negociar, a
lo que tosudamente este se había negado, no fue hasta bien entrada
la noche que el Jefe Supremo de la nación había dado el beneplácito para iniciar algún sondeo diplomático a los chilenos; pero
entonces, cerca de la media noche, por medio del Teniente Ratomski y
otro oficial extranjero, con gran peligro de sus vidas, lograron
llegar hasta las líneas chilenas, y solicitaron audiencia con el
Comandante en Jefe Chileno, el General Baquedano, tras ser despertado
les había mandado decir que les concedería audiencia para las siete
de la mañana del día siguiente; que en ese momento que Ratomski pudo
intercambiar algunas palabras con el Teniente Le Leon. Al saberse el
resultado de la misión el Ministro St John había comentado íntimamente al secretario de la legación – Por cierto que no tiene apuro, lo han hecho
esperar todo el día, si Piérola quiere un gran final, Baquedano
solo reúne madera para la gran hoguera –
Sin embargo,
nuevamente los diplomáticos estaban dispuestos a intentar conjurar
la tormenta; mientras esperaban que el tren se pusiera en marcha
comenzaron a hablar en francés, único idioma común a todos los
diplomáticos – Mientras exista una esperanza, podemos salvar la
ciudad – Creo que la actitud de Piérola, solo trata de guardar las
formas, pero finalmente rendirá la ciudad – ¿Creé usted que se
atreverá a dar una nueva batalla con su ejército mayormente
destrozado? – No creo que pretenda sacrificar a lo mejor de la
sociedad limeña que tiene reclutada en la reserva –
Lentamente el
maquinista movió las palancas, chorros de vapor anunciaron que todo
estaba listo, cuando la locomotora inició la marcha los diplomáticos
guardaron silencio, el plan que habían fraguado consistía en dejar que el
decano del Cuerpo Diplomático fuera quien dirigiera las
conversaciones, los puntos a tratar ya estaban claros, de modo que
los dados del destino ya estaban echados; el tren hizo sonar su silbato y comenzó a moverse hacía el sur.
Al atravesar el
camino férreo de Miraflores, por las ventanas, los pasajeros
pudieron notar gruesos diversos grupos de soldados moviéndose al
iniciar el día, algunas nuevas obras de defensa habían sido construidas apresuradamente el día anterior, pudieron ver a simple
vista algunos gruesos cañones navales extraidos de algún barco o
bien talvez del mismísimo Callao; uno de los hombres exclamó –
Esto es una locura –
Al cruzar al campo
chileno, una multitud de soldados les salio al paso junto a las vías,
en la medida que le tren pasaba por el centro del dispositivo
chileno, los hombres agitaban sus kepíes al paso del convoy, y
vivaban a Chile, saludando al mensajero de la paz – Tal vez aún
exista esperanza –

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