sábado, 2 de febrero de 2013

CAPITULO XI


CAPITULO XI
BATALLÓN N° 4 DE RESERVA
REDUCTO N° 2 AL COSTADO DE LA LÍNEA FÉRREA ENTRE BARRANCO Y MIRAFLORES

El Batallón N° 4, formaba parte de la 1° División, comandada por el millonario Dionisio Derteano, nombrado hace poco Coronel Provisional, el mismo que hacía sólo unos meses atrás había visto arrasadas con fuego y dinamita sus principales propiedades, cuando la expedición del Capitán de Navío Patricio Lynch, le solicitó el pago de un cupo de guerra de cien mil soles de plata, so pena de destrucción de sus haciendas de “Puente” y “Palo Seco”, a pesar de la fuerte presión entablada de manera oficial por los Gobiernos Británico y de Francia, fue inútil convencer a Lynch de obviar la contribución, de forma que cuando Derteano no pagó, Lynch cumplió su amenaza, y las que tal vez eran de las más caras propiedades del Perú, vieron sus bodegas vaciadas, sus inmuebles volados con dinamita y sus plantaciones pasto de las llamas.

El batallón N° 4, junto al grueso de las unidades del Ejército de Reserva de Lima, había sido formado a mediados de Junio del año anterior, esta fuerza originalmente se pensó como una poderosa fuerza de 10 divisiones, pero como señalara el Comandante Gonzáles de la Batería El Pino, al entusiasmo de junio había sucedido el temor de noviembre, de forma que algunos batallones quedaron en cuadro, al ser diezmada su tropa no por el fuego enemigo, sino por las deserciones.

Sin embargo, el N° 4 organizado en una plana mayor con cuatro compañías en activo y una de depósito, se había consolidado como una unidad cohesionada, ello talvez por la conciencia de sus integrantes, todos salidos de las aulas de la Universidad San Marcos de Lima o por algún extraño designio del destino.

Habían elegido a sus oficiales entre los más destacados académicos de dicha casa de estudios, su comandante era un reconocido Abogado y Político Limeño, hijo del Presidente de la Corte Suprema, con quien además compartía el nombre, se trataba del ahora Coronel Provisional don Ramón Rybeiro Álvarez del Villar; no era este jefe un hombre atractivo, algunos sencillamente dirían que era feo, bajo, orejón y con una alopecia cada vez más marcada, de forma que el uniforme militar a pesar de estar hecho por un sastre no podía compensar dichas características  con buen sentido, había optado por cómodo calzado en vez de las botas acordeonadas que hombres de piernas más largas preferían, sin embargo, las desventajas físicas que la naturaleza le había concedido, habían sido más que compensadas con una gran agudeza intelectual y retorica, que le habían transformado primero en uno de los más destacados abogados y académicos de su época  y ahora en uno de los jefes más caracterizados de la reserva de Lima.

Para Rybeiro la guerra era una calamidad, sin embargo la aceptaba resignadamente y con patriotismo, sin embargo, a pesar de no ser militar de carrera, seguía sin entender muchas cosas de la vida militar; algunas que pensaba eran incomprensibles para quien no tuviese la profesión de armas, y otras que simplemente le parecían insólitas  tales como la manía de haber mantenido la reserva en retaguardia el día de la batalla, prefiriendo usar sólo tropas desgastadas en combate, en vez de hacer avanzar los batallones de reservistas frescos y lanzar un gran asalto contra el enemigo, es que los jefes pensaban que los abogados de Lima, o los comerciantes del batallón N° 2 comandados por Lecca el Prior del consulado, no tenían el valor o la consciencia para combatir, al final se dijo – Ninguno de nosotros titubeará ante el fuego enemigo – Se dijo mientras se acercaba al reducto desde el pueblo, casi a la entrada detuvo su caballo y observó a sus hombres, un grupo formaba una línea ante un oficial, mientras a su izquierda un Cabo 2° del que no recordaba el apellido, explicaba en un rincón del reducto a un pequeño grupo de hombres como manejar la baqueta del fusil, al verlo realizar fluidamente aquellos movimientos tan militares, le pareció situarlo mentalmente vestido con una impecable levita negra en los escalones de la Corte, a principios del año anterior – Sí, el apellido del hombre es Suarez o Juarez o algo así; con uniforme casi no lo reconozco, salvo que en aquella ocasión en vez de un fusil Remington, estaba armado con un maletín y probablemente en vez de municiones llevase un Código Civil – un centinela al verlo entrar al reducto presentó armas, Rybeiro devolvió el saludo militarmente, y se preguntó – ¿Porque los que diseñaron esta fortificación no habrán cerrado el reducto a retaguardia?, bueno al menos no estamos tan mal a los del N° 6 no les fue tan bien – el Coronel de La Colina le había contado que cuando su batallón había llegado a su posición, el reducto no estaba concluido, de modo que debieron realizar una colecta para contratar jornales chinos que despejaran el frente del reducto y terminaran las obras, y peor aún cuando habían agotado el dinero, los hombres debieron terminar el trabajo, dejando de lado por algunas jornadas la instrucción.

Cuando hubo entregado su caballo a un ordenanza, el tercer comandante, que pacientemente le había esperado, se le apersonó a dar parte de las novedades – El enemigo no se deja ver en el frente, hace un rato ha salido un tren hacía las líneas enemigas, dicen que llevaba al Cuerpo Diplomático – Últimamente se dicen muchas cosas – Sí, pero la locomotora llevaba bandera de parlamento – Rybeiro asintió con la cabeza, y desmontó – ¿Hay desertores? – Hace como una hora que pasamos lista, no hay ausentes ni enfermos, estamos listos para pelear – Eso dependerá si los señores del tren no consiguen otra cosa – ¿Y usted que cree señor? – Yo pienso que todos cumpliremos con nuestro deber, ya sea marchando de vuelta a nuestras casas o plantando cara al enemigo – 

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