viernes, 8 de febrero de 2013

capitulo XII


CAPÍTULO XII

AL NORTE DE BARRANCO 


El grupo de jinetes detuvo el trote de sus cabalgaduras en una arboleda a unos doscientos o trescientos metros a la derecha de la línea férrea; el oficial al mando aspiró el humo de su cigarro y enfocó sus anteojos de campaña hacía las líneas peruanas; bajo el gran bigote rubio pareció maldecir a sus enemigos, tras unos instantes en los que permaneció como una estatua, volvió a aspirar el humo del cigarro, en un silencio casi religioso sus acompañantes esperaban ordenes; finalmente, como despertando de un trance habló

– ¿Qué opina Comandante? – El aludido Teniente Coronel Novoa, Comandante del Regimiento N° 2, se acercó a su superior – El enemigo a establecido su línea de batalla en todas las pequeñas elevaciones desde el mar hasta quien sabe dónde, probablemente han fortificado hasta el Rimac – Exacto, si se fija el terreno es bastante llano, y probablemente todos esos cerritos de aquí hasta el San Cristóbal estén fuertemente artillados –

Hubo una nueva pausa, el oficial del grueso bigote rubio, que no era otro que el Coronel José Velásquez, el más famoso artillero del Ejército chileno; volvió a mirar el terreno frente a él – Se da cuenta comandante que estamos a unos quinientos o seiscientos metros de la línea enemiga – chupó una vez más el cigarro – Solo unos minutos a pie nos separan de su línea de trincheras  reflexionando para sí añadió en un murmullo – Pero, no me gustaría ser el infante que se moverá esos tres o cinco minutos hasta el otro lado  volvió a fumar, esta vez casi con rabia  Les tirarán con todo, caerán muchos buenos hombres en ese momento 

El Comandante Novoa se atrevió a preguntar – ¿Cree que habrán torpedos enterrados? – Velásquez le respondió – Probablemente los haya en los espacio entre los fuertes, y sin duda que los mismos fuertes estarán minados –

Con un murmullo casi inteligible agregó la palabra “felones”; el día anterior, el Capitán Villarroel, conocido con el apodo de “General Dinamita” y sus chinos habían desenterrado de la batería “Martir Olaya” en el Morro Solar suficiente explosivo como para hacer desaparecer algo más que el fuerte.

El Coronel y sus hombres habían montado temprano a caballo ese día; sabía de los rumores que decían, que el General Baquedano mantendría una importante reunión esa mañana con los Diplomáticos, sin embargo, la tarde anterior el General en Jefe, en persona había ordenado a su Comandante General de Artillería que esa mañana hiciese un reconocimiento y desplegara su artillería con miras a otorgar apoyo a la infantería para el asalto final, y era lo que había estado haciendo desde las cinco de la mañana, en compañía de sus ayudantes y algunos oficiales del arma; con su anteojo de campaña enfocó a una columna de hombres que se movía entre las posiciones enemigas – Refuerzos, el enemigo sigue desplegando sus refuerzos en el frente; si hoy no hay combate será un milagro – tras morderse el labio se dirigió al más cercano de sus ayudantes le dijo – Tome nota y entréguelo personalmente a los jefes de las brigadas, deben iniciar traslado de las piezas a las posiciones que les serán indicadas por el práctico que queda a su disposición, señáleles además que deben poner especial cuidado en limpiar su frente, y derrumbar las tapias laterales necesarias para permitir el adecuado enlace sin que deban saltar los muros –

Rápidamente, llevándose a los soldados que habían sido comisionados expresamente para servir de guías de las distintas baterías, partieron al galope; el Coronel echó una nueva mirada a las posiciones enemigas – Debemos establecer una buena base de fuego para apoyar a nuestros infantes mientras cruzan por ese matadero; si tenemos la ocasión, podríamos tener unos setenta u ochenta cañones en posición – Novoa, con la confianza de años de trabajar juntos se atrevió a preguntar – ¿Cree usted que podremos emplazar nuestros cañones en batería antes que la infantería y caballería enemiga se nos eche encima – Lo sé, bastaría un jefe enemigo decidido para dejar al ejército sin artillería –

Los hombres volvieron a guardar silencio un rato mientras Velásquez seguía observando el campo enemigo – Ayudante, tome nota, al Comandante en jefe: “artillería avanzará posicionándose al frente de la III División, por lo que solicito disponga de una tropa para la protección de los cañones” – Cuando firmó la comunicación señaló – En marcha señores, debemos ir de visita donde lo de mí Coronel Lagos –


Al ponerse en marcha Velásquez sacó la cuenta que a pesar de que la guerra era una tremenda desgracia, también era una excelente segunda oportunidad para que muchos hombres pudieran retomar sus carreras, muchas veces truncadas injustamente, ¿Cuántas veces buenos soldados habían sido separados de las filas por un comentario estúpido que llegó a oídos del Intendente? pasando del Ejército Activo a oscuros puestos en alguna Comandancia de Armas o a mandar cívicos, sin embargo, y ahora por obra y gracias de las bayonetas volvían a estar en primera línea Martínez, pasó a mandar el cuerpo cívico más famoso del ejército y ahora mandaba una Brigada, Lagos, al mando de una División, del Canto, que de simple mayor ahora mandaba un regimiento de línea, el mismo que ahora era comandante general de un arma, por otro lado ¿Cuantos de los oficiales en activo han caído en desgracia desde que comenzó la guerra? Ortíz del Buin, Castro del 3º; ¿y los muertos? Santa Cruz del “Zapadores”, Oeckers de la Artillería de Marina, Ramírez del 2º, y en la batalla que se avecina ¿A quienes les tocará el número premiado con la gloria?

No hay comentarios:

Publicar un comentario