martes, 12 de febrero de 2013

CAPÍTULO XIV


CAPITULO XIV


TIENDA DE CAMPAÑA DEL GENERAL EN JEFE DEL EJÉRCITO CHILENO

REUNIÓN DEL COMANDO CHILENO CON LOS REPRESENTANTES DEL CUERPO DIPLOMÁTICO EXTRANJERO ACREDITADO EN LIMA



Desde que se había creado el escalafón militar chileno en 1810, la República había nombrado a 64 Generales y Almirantes, de los cuales estaban en servicio un total de 7; de ellos el General de División Manuel Baquedano González, era sin lugar a dudas el más importante que había dado la República; nunca antes ni después, un Comandante chileno, comandaría en campaña de forma  simultánea tantos hombres;  a pesar de las criticas,  Manuel Baquedano había triunfado en todas las batallas que había dirigido; y ahora tras vencer en la que tal vez era la batalla más grande desarrollada hasta el momento en suelo Latinoaméricano, estaba listo para avanzar sobre Lima.

Junto al General estaban, en ese momento don José Francisco Vergara, Político, millonario chileno, Coronel de la Guardia Nacional, Ministro de la Guerra en campaña, y además el principal “Cucalón”, es decir civil ejerciendo funciones que los militares consideraban de su exclusiva competencia, y por tanto uno de los hombres menos simpáticos a ojos del cuerpo de oficiales profesionales del Ejército, sin embargo, era de señalarse que desde que había asumido el cargo, si bien cierto no había buscado una relación de amistad con Baquedano, al menos habían logrado mantener la tensión bajo un relativo control, el General se lo había dejado claro, Ministro manda y organiza, militares se encargan de la parte operativa, y Vergara tragándose su gran orgullo, pues sentía que incluso podía haber logrado el nombramiento de otro comandante en jefe, había aceptado. 

Los otros hombres que les acompañaban en la importantisima reunión eran don Eulogio Altamirano, uno de los más importantes políticos chilenos, con estudios en Estados Unidos y Alemania, y además de destacado editor de algunos de los periódicos más importantes del país, tales como el influyente diario "La Patria", quien concurría nombrado como Ministro Plenipotenciario por el Gobierno, enviado especialmente a tratar los términos de paz con el Gobierno del Perú, el otro asistente, era don Joaquín Godoy, Secretario Personal del Comandante en Jefe.

A la entrada de la tienda un oficial saludó marcialmente a los hombres, mientras unos soldados de infantería presentaban armas, rápidamente dos de ellos quedaron de pie en la entrada mientras el resto se alejaba prudentemente.

En la tienda esperaban de pie los tres ministros extranjeros, recién llegados en un tren especial desde Lima, tras el termino de los saludos protocolares, procedieron a sentarse en torno a una sencilla mesa, de la que nadie pregunto la procedencia, los hombres quedaron frente a frente, el Ministro Tezanos Pinto, con un suave acento caribeño abrió los fuegos – Señor General, nuestros gobiernos se encuentran preocupados por la eventualidad de que las acciones bélicas, pongan en riesgo las personas y bienes de las numerosas colonias extranjeras residentes en Lima, de esta forma, y con el acuerdo de todo el Cuerpo Diplomático acreditado, se nos ha comisionado a fin de solicitarle garantías de respeto tanto para las propiedades, como para las personas de los neutrales –

Durante el instante que demoró en responder, los Ministros trataron de sopesar al General Manuel Baquedano González, lo que más llamó su atención, confesaría íntimamente después el Ministro Vorges, fue la sobriedad del vestuario del General chileno, ello pues en contraste con el atuendo habitual del Jefe de Gobierno Peruano, que solía vestir en todo acto, un elegante uniforme, con casaca bordada con laureles, botas altas de charol y casco coronado con un águila, el jefe chileno, vestía su sencillo uniforme de campaña, donde destacaban como único símbolo de su elevado rango, los laureles del kepí que acababa de dejar frente a él, y las simples estrellas que adornaban las nada ostentosas charreteras de sus hombros, su pelo sumamente corto y delgado bigote, muy bien cuidado, único verdadero lujo que se permitía en campaña, así como su lenguaje corporal, daban a entender claramente que el General que tenían frente a ellos era quien mandaba. No miró a sus compañeros para responder, quedaba claro que había meditado mucho en torno a la petición de los neutrales, su ejército había vencido en el campo a los ejércitos peruanos, de modo que lo justo era que estos se hicieran responsables de los resultados; sin embargo, su respuesta aunque firme siguió siendo diplomática, sin repetir palabras como era su costumbre al hablar dijo derechamente:

 Tienen ustedes todas todas las garantías que no obsten al legítimo derecho de un beligerante – los Ministros respiraron aliviados, pero el General Baquedano volvió a hablar esta vez su tono fue más firme aún – Eso sí, entiendan ustedes que la garantía, garantía está condicionada a que los peruanos no intenten hacernos resistencia, resistencia dentro de Lima, en cuyo caso, ante las incertezas de una batalla, no se puede garantizar nada, nada – Los hombres comprendieron inmediatamente el punto al que se dirigía el General; si no había resistencia, sus tropas entrarían marchando a la ciudad, sino por el contrario, había batalla entonces Lima podía darse por perdida, no dudaría en arrasarla hasta sus cimientos.

La conversación continuó, el Ministro José Francisco Vergara señaló – Contrariamente a lo que señala la propaganda de nuestros enemigos, el Ejército de la República de Chile es una fuerza militar disciplinada, de lo que bien pueden dar cuenta los agregados militares que sus propios Gobiernos han solicitado agregar a nuestro Cuartel General, nosotros no tenemos el más mínimo interés en destruir la ciudad capital del Perú, ya hemos vencido en el campo de batalla a los ejércitos, destruido sus defensas y capturado una considerable cantidad de las armas con las que el Gobierno del Perú ha intentado impedirnos llegar a su ciudad, y aún más, a pesar de que ya nada puede impedir que tomemos la ciudad, hemos intentado hacer un esfuerzo por la paz, en vez de esperar que el vencido venga por los términos de la paz, ayer enviamos al señor Isidoro Errázuriz en compañía del Ministro de Guerra Peruano, quien es nuestro prisionero, a solicitar una entrega negociada de la plaza que sabemos no pueden defender, y sin embargo, nuestro enviado ni siquiera fue recibido, de esta forma es el Gobierno del Perú el que debe aceptar la fuerza de los hechos y evitar un trance que a nadie favorece – fue entonces que los diplomáticos vieron su oportunidad

 Tal vez, el Gobierno del Perú, este más dispuesto a llegar a un acuerdo, si es que conociese cuales son las condiciones del Gobierno de Chile, y se nos concediese un plazo prudente para conferenciar con los representantes del Gobierno del Perú –

Don Isidoro Errázuriz tomó entonces la palabra – Hemos de dejar establecido que la posición del Gobierno de Chile, tal como quedó establecido en las conferencias sostenidas en la rada de Arica en octubre del año próximo pasado, es que no acepta mediación de otras potencias, por muy bien intencionadas que sean sus intenciones –

El Ministro Saint John aclaró inmediatamente – La posición del Gobierno de Chile es bien conocida por todos, y ninguna de las potencias aquí representadas, que reiteramos, son todas las acreditadas ante el Gobierno del Perú, impondría sus buenos oficios, de no ser solicitado unánimemente por todos los beligerantes

 En ese caso, es el Comandante en Jefe del Ejército expedicionario quien debe señalar, por ser de su competencia, cuales serían las condiciones para no tomar “ manu militari” la ciudad de Lima – Las miradas volvieron a centrarse en el General Baquedano, se produjo un silencio solemne mientras el aludido meditaba la manera de exponer su respuesta
 El Callao, debe entregarse incondicionalmente El Callao – Se entiende que en durante la duración de la gestión el Ejército de su mando no lanzará un asalto contra las posiciones peruanas – Así es, puedo comprometerme a no lanzar un asalto hasta las dos de la tarde del día de hoy – Dada la importancia de la gestión ¿Es posible que ese plazo se amplié razonablemente? – Baquedano meditó un instante, era un hombre firme poco acostumbrado a ceder, pero la importancia de alcanzar la paz definitiva, le hizo ser más flexible – Hasta la media noche, media noche entonces, mis tropas no abrirán fuego, peruanos tampoco, pero dejo claro que me reservo el derecho de hacer los desplazamientos de tropas que considere oportunos, oportunos –

La despedida entre los hombres fue solemne, pero en el rostro de todos se notaban más aliviados, los Ministros se retiraron conformes, no era exactamente un armisticio en regla, pero era mucho más de lo que tenían el día anterior, y con cada minuto que ganaran mayores serían  las posibilidades de obtener una rendición negociada.

Aquella mañana el desayuno del alto mando chileno, sería, sin ninguna duda mucho más agradable, habiendo estando tanto tiempo al servicio del General Baquedano, rápidamente don Joaquín Godoy, comenzó a redactar las ordenes pertinentes para ser trasmitidas a los jefes de División, nadie debería abrir fuego hasta la media noche; el desayuno de los chilenos hubiese sido mucho más agradable si hubiesen sabido que durante el día anterior, Nicolás de Piérola había sostenido una reunión con todo los altos mandos de sus ejércitos, y la voluntad de resistir no era unánime entre los militares.  

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