jueves, 14 de febrero de 2013

CAPITULO XV


CAPITULO XV

REGIMIENTO DE INFANTERÍA DE LA GUARDIA NACIONAL MOVILIZADA “ACONCAGUA”

COLUMNA EN MARCHA DESDE EL CAMPAMENTO DE LA III DIVISIÓN AL NORTE



El Capitán Ayudante Adolfo Nordentflycht era uno de los tantos ciudadanos con sangre germana asentados en Chile, y como muchos de ellos, acudió al poderoso llamado a las filas; anteriormente ya había servido en el Ejército, de modo que no le había sido difícil encontrar colocación en un cuerpo cívico como ayudante, de esta manera comenzó el servicio en el Regimiento Cívico Movilizado “Lautaro”, cuerpo al cual ayudo a formar, sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que fuera trasladado al Batallón Cívico “Aconcagua” Nº 1 de San Felipe; unidad que poco antes de la campaña se había refundido con el Nº 2 de la misma Provincia, transformándose en el Regimiento de Infantería de la Guardia Nacional Movilizada “Aconcagua”.

Junto a su unidad había cubierto guarnición durante largo tiempo en Antofagasta, para pasar luego a depender del Ejército de Operaciones para la campaña de Lima.

El Capitán tenía un alto concepto de sí mismo, y sin embargo no había logrado cumplir su deseo más alto desde que había estallado la guerra, el comandar un batallón organizado por él mismo; poco antes de salir a campaña con el “Aconcagua”, había manifestado vivamente su deseo de organizar el Batallón Cívico de la ciudad de Quillota, el que aseguraba, privadamente, poder organizar en solo veinte o veinticinco días, sin embargo la suerte había querido que siguiera con los despachos de Capitán en el “Aconcagua” mientras que otro oficial asumía el comando y organizara casi un año después el Batallón “Quillota”, mismo que había quedado en el puerto de Pisco, habiendo combatido en Humay, y que ese día debía desembarcar en Chorrillos; la seguridad del Capitán, sin embargo, no le evitaba la sensación de haber quedado en manos de hombres tan incapaces que “le disputan la redondez a las bolas” – Qué fácil sería abrirse camino a base de lisonjas y besando botas, como me hubiese ganado el favor de algunos jefes, solo por llevarles el amén a semejantes borricos – Pensó mientras avanzaba a la cabeza de la pequeña columna de cuarenta “Aconcagüinos” que marchaban atravesando el pueblo de Barranco.

La columna comandada por el Capitán Nordenflytch era la primera fuerza de la infantería chilena enviada al norte de Barranco, por orden del Coronel Pedro Lagos, a proteger la artillería de Campaña del Coronel Jo Velásquez, misma que hacía un rato había comenzado a moverse hacía las posiciones que este jefe les había asignado luego de su reconocimiento en la madrugada; más atrás marchando ordenadamente una segunda columna, formada por una compañía del Regimiento de Línea “Santiago” comenzaba la marcha desde su campamento con el mismo fin.
 
Volteando sobre su montura, el Capitán Nordenflytch observó a su tropa, esta marchaba ordenada y en silencio, las correas de las fornituras lucían apretadas, los fusiles habían sido revisado poco antes de salir, y las municiones también habían sido completadas; de no ser por el largo bostezo de un Cabo 2º, nada podía decirse de los hombres, y sin embargo, no sabía bien por qué, pero tenía una mala sensación en el estomago   
Solo desearía poder demostrarles a varios fatuos y pretenciosos que he tenido por jefes, que soy algo más capaz que ellos – Se dijo al tiempo que dejaban atrás a la artillería, y se abría ante ellos, el campo fortificado enemigo; observando con calma el terreno pudo ver por si mismo lo que le pareció un campo de matanza
Pero si estamos casi en las mismas barbas del enemigo, esto es una locura, bastaría cualquier incidente para desencadenar una batalla – y aunque la jodida sensación en el estómago era más fuerte exteriormente con calma y la elegancia que le valió la admiración de más de un joven en Valparaíso, que se reclutó con la esperanza de ser como él,  maniobró su caballo hasta salir del camino, con un gesto de la mano ordenó el alto, luego señaló un muro derruido algunas decenas de metros a la derecha del camino – Muy bien niños, nos estableceremos en ese punto, Sargento firme y visible su banderola, que sepa el enemigo que hemos llegado para quedarnos  – Rápidamente los hombres con sus fusiles al hombro comenzaron a moverse al trote, haciendo sonar sus caramayolas llenas de agua a su paso, un hombre se sujetó el kepí con una mano al tiempo que lanzaba una malhumorada queja por casi perderlo.

Desde algunos cientos de metros más al norte miles de ojos se quedaron fijos en ellos, en ellos había más bien sorpresa que odio, lentamente se asomó más de un fusil por sobre el muro, y talvez muchos más por las troneras, sin embargo ningún tiro salió contra los hombres que se desplegaban guiados por una pequeña bandera en un fusil; un poco más tarde la compañía del Santiago haría un idéntico despliegue a la izquierda del camino, con idéntica suerte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario